MICRORRELATOS: DIOS, PARAÍSO, MUERTE,MADRE NATURALEZA Y TODA ESTA GENTE

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Fotografía: Rafael Hierro.

Creo que los ojos del artista Rafael Hierro le aportan a esta serie de microrrelatos la perspectiva que yo quise aportarle en su día y tal vez se quedó en el intento, aún germinando bajo capas y capas de humor absurdo.

Espero que encuentres esa otra mirada. Y espero que te gusten.

Agonía

            —No espero ni un día más; este hombre se viene conmigo ahora mismo —dijo la muerte con tono severo.

—¡No puede irse aún! —repuso la cirrosis—. ¡Tiene una cuenta pendiente en el bar!

Y el oxígeno, muy indignado, tuvo que entrometerse en la discusión.

—A ver, señoras… O se va, o no se va, pero a mí no me tengan dando vueltas como un tonto.

Reorganización de plantilla

“Muy estimada Muerte”, escribió el Oxígeno. “Necesito que nos reunamos urgentemente. Esto de oxidar a los seres y mantenerlos vivos al mismo tiempo, me está generando graves quebraderos de cabeza. Un saludo, el Oxígeno”.

“Muy estimada Madre Naturaleza”, escribió la Muerte, “necesito que nos reunamos urgentemente. Estoy harta de que los elementos me tomen como su psicólogo particular. Un saludo, la Muerte”.

“Muy estimado Dios”, escribió la Madre Naturaleza. “Necesito que tanto usted, como la muerte, el Oxígeno y yo misma, nos reunamos lo antes posible para discutir sobre varios asuntos”.

Y Dios, que no cree en la democracia, lo solucionó todo con un diluvio universal.

 Resquemores profundos

            “¡Oh, Dios! ¡No quiero morir!”, gritaba el hombre.

“Madre Naturaleza”, escribió Dios rápidamente. “Tengo que salvar a un siervo mío. Habla con el terremoto y dile que se calme hasta que el hombre salga de su casa”.

“Señor terremoto”, escribió rápidamente la Madre Naturaleza. “Habla con las capas tectónicas y pídeles que se estén quietecitas diez minutos”.

“Señoras capas tectónicas”, escribió como pudo el terremoto. “Pídanle al núcleo una tregua de diez minutos”.

Diez minutos después la casa cayó sobre el hombre y toda su familia se volvió atea.

La madre naturaleza nunca le ha enseñado a Dios aquel escrito que decía: “Hasta que ese cabrón no me devuelva los 30.000 millones de años que me debe, que le vaya a pedir favores a la Virgen”.

Frustraciones peligrosas

            La madre naturaleza hizo pasar al siguiente candidato.

—¿Nombre?

—Arsénico.

—¿Abreviatura?

—As.

—¿Número atómico?

—Treinta y tres.

—¿Edad?

—Trescientos mil años.

—¿Covalencias con el carbono?

—Más tres, menos tres y cinco.

—Muy bien. Ahora, por favor, cuénteme por qué quiere este trabajo.

—Verá, señora, crear materia orgánica siempre fue mi ilusión existencial, pero como sé que ya no hay vacantes para tal puesto, acepto de buena gana que no me quede más remedio que destruirla. Si me pone en su plantilla de venenos letales, prometo reacomodar mis principios y ejecutar el trabajo con satisfactoria excelencia.

Corrupción divina

—En este documento firmaré trescientos años para el individuo A-7890657 —le dijo Dios a la Madre Naturaleza—. Pero sólo le daremos sesenta; yo me quedaré con ciento cuarenta y tú te quedarás con 100.

—Pero, señor —espetó la Madre Naturaleza—, ¿no le parece un tanto exagerado? Tenga en cuenta que el Carbono y el Oxígeno también querrán chupar del bote.

—En ese caso, siento mucho desde ya, el precoz fallecimiento del individuo A-7890657.

—¿Y no podríamos quedarnos nosotros con menos parte del presupuesto y así lo dejamos vivir más?

—Pero bueno… ¿Y de qué cree usted que va alimentarse mi inmortalidad?, ¿de aire?

Acoso laboral

            —¡Trabajas para el orden universal! —gritó la razón—. ¡Trabajas para los elementos que forman el planeta! ¿Crees que respiras? ¡Pues no! ¡Es el oxígeno el que te consume! ¿Crees que cazas? ¡Pues no! ¡Es la muerte la que te utiliza! ¡Crees que eres único! ¡Pues no! ¡Es la causalidad la que te mantiene! ¡Eres un maldito esclavo con delirios de libertad!

El cavernícola palideció, acto seguido degolló a su mujer, a sus cuatro hijos y se quitó la vida.

Ese mismo día, Dios le dijo a la razón: “Tus técnicas para evitar el despido improcedente no me gustan nada, voy a tener que sustituirte por la ambición”.

Desde entonces, gracias a las guerras y a las hambrunas que el hombre cierne sobre hombre, Dios sigue sin pagar indemnizaciones y además no se mancha las manos.

La pasión

En semana santa aquel vagabundo siempre comía caliente. En el pueblo habían decidido pagarle para que se quitara la ropa y se colocara una corona de espinos. Gracias a sus escasos cincuenta kilos de peso y a su descuidada barba, jamás se vio a un Cristo más auténtico.

Panadería Heaven

Virgen: Hijo mío, esto es un desastre. Todo tirado por los suelos, harina por todos lados…

Espíritu Santo: Tu madre tiene razón; lo del pan de cada día no se te da nada bien. Hemos pensado en cerrar el negocio y montar otra cosa.

Jesús: Sí, claro… Ahora me vendrás con el rollo de siempre y me dirás que lo que realmente necesita el mundo es un parque acuático. ¡Como si no te conociese!

 Preguntas peligrosas I

Adán: Oye, Dios; la fruta con piel es más indigesta.

Dios: ¿Y cómo diantre sabes tú que la fruta tiene piel?

Adán: Esto… ¿La fruta tiene piel?

Preguntas peligrosas II

Eva: ¡Hola Dios! Aquí tengo mucho tiempo libre, así que he decidido aprender a cocinar.

Dios: Me parece muy bien.

Eva: Estaba pensando… ¿con los arándanos también se puede hacer compota?

Preguntas peligrosas III

Adán: Dios, una cosa; si entierras un rabo de manzana en el suelo, ¿sale un manzano?

Dios: ¿Perdona?

Suspicacias I

Dios: Madre Naturaleza, si le digo a Adán: “Mira qué bonito es el traje del pavo real”, y él dice que efectivamente es muy bonito,  ¿eso significaría que conoce su desnudez y que por tanto comió de la manzana?

Madre Naturaleza: Mira, encanto, para seguir así más vale que la cojas del árbol, la peles, la partas y se la des tú misma.

Suspicacias II

Dios: Eva… ¿Hoy tampoco notas nada distinto cuando te miras en el lago?

Eva: Pues hoy sí. Fíjate que hoy me veo más gorda.

Dios: ¡De comer manzanas!

Suspicacias III

Dios: ¿Qué haces, Eva?

Eva: Le cuento una historia a Adán.

Dios: ¿Qué historia, Eva?

Eva: Se llama “Blancanieves y…”

Dios: ¡Ajá!

Suspicacias IV

Dios: ¿Por qué estás cortando hojas de parra, Adán?

Adán: Es que quiero hacer mosto.

Dios: ¡Fuera del paraíso!

Adán: Pero, ¿por qué?

Dios: Por estúpido.

Judith Bosch 2010. Apertivos tóxicos y otros relatos.

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