Ejercicio VII: Si las paredes hablasen…

cortina

Fotografía: Esther González.

¿Has pensado lo que diría de ti tu cama, tu escritorio, tu portátil o el espejo de tu tocador? Seguro que sí. Imaginar las palabras de lo inanimado ayuda a desarrollar dos conceptos: en primer lugar, tienes la oportunidad de verte y entenderte desde una tercera persona. En segundo lugar, cuentas con un nuevo recurso para generar personajes y voces genuinos.

Te animo a que pienses en cualquier objeto de tu casa -o en cualquier objeto urbano- y luego a pensar que ese objeto piensa en ti.

Espero que te guste.

MEMORIAS DE UNA CORTINA DE BAÑO (Judith Bosch 2008)

Hola, mi nombre es Basareli y soy una preciosa cortina de baño color plateado translúcido con sofisticadas estrellas de mar azul petróleo estampadas a lo largo y ancho de mi delicada anatomía. Realmente soy una belleza. Y en la fábrica donde nací todos decían. “¡Qué cortina tan bonita! ¡Ojalá pudiese tener una igual!”.

Me llevaron directamente al departamento de hogar de uno de los establecimientos comerciales más prestigiosos de la ciudad. Sin rodeos. Nada de ciento cincuentas ni tienduchas de pacotilla. Y mi primer año en el mercado fue un lecho de rosas. Me convertí en el centro de todas las adulaciones. “¡Qué bonita y que bien conjunta con todo!”, exclamaban los compradores.

Como era de esperar en seguida desperté en mis compañeras envidias y deseos nocivos. Cuando tenían ocasión entrecerraban las anillas y me susurraban: “Tú… Tú vas a acabar mal”; “A ti te va a coger un solterón y te va a poner de vuelta y media”; “A ti no te espera más que sufrimiento”. Un día llegó una señora maravillosa, me tomó entre sus brazos, me hizo ojitos, me acarició con suavidad y cariño y ¡zas! Me metió en su carrito rumbo directo al mostrador. Por miparte, yo aproveche para entrecerrar las anillas un momento y decirles bien alto a mis compañeras: “¡Toma compradora de altura! ¡Ni solterón desagradecido ni !”.

Y sí, las tres primeras horas de mi nueva vida fueron un regocijo celestial. Después el asunto empezó a torcerse.

Aquella señora tan agradable me quitó el precio. Claro, yo me dije: “ahora me despoja de este plástico y me coloca en su baño, como bien me merezco”. Lógico, ¿no? ¡Pues no! ¿Sabes lo que hizo la muy desalmada? ¡Después de dejar que me hiciese ilusiones! ¿Sabes lo que hizo? Me dejó con el precinto, así tal cual, y me envolvió en papel de regalo.

El mundo se me vino encima. Para intentar volver a la calma pensaba: “Tranquila. Tranquila, que ahora va a llevarte a casa de alguna de sus amigas. Vas a ver. Al final vas a tener suerte, seguro que la amiga suya es más elegante, y más pulcra, y se baña con sales marinas, y usa gel de ducha con aroma a chocolate, y… y… y…” ¡Y una mierda! ¿Tú sabes de quién era el maldito cumpleaños? ¡Del hijo de la señora!

¡Horror!

¡Treinta añero, descuidado como él solo y atufando a informático de clausura!

El chavalín. Sí, ese condenado marrano patológico, me dejó tirada en su sillón junto a tres chaquetas, una pila de libros y unos cuantos discos de música pop. ¡Durante una semana! ¡Como lo oyes!

Al final, cuando se había olvidado ya de mi existencia, coincidió que vino la buena señora de visita. Sí, la madre. Claro, la mujer le echó la bronca y después me desempaquetó ¡Por fin! Y me colocó en el baño ella misma.

¿Por fin? ¿Dije “por fin”? ¡Por la graciosilla esa empezó mi fin!

¡La muerte de toda dignidad! ¡La catástrofe!

¡Qué baño! ¡Qué pocilga!

¡Maldita la hora!

Para empezar, justo delante de mí había un cementerio de champús baratos ¡Una verdadera locura! Diez o doce botes vacíos abandonados a la peor de las suertes, y otro más a punto de acabar que no hacía más que lamentarse. Repetía: “¡Qué muerte tan cruel!”; “¡Yo soñaba con ser reciclado”; “Yo quería reencarnarme en una bolsa de supermercado, que las bolsas de supermercado vienen, van y viajan como quieren”.

¡Será desgraciado! ¡Y yo quería un puesto en la suite nupcial de un hotel cinco estrellas! ¡No te fastidia! ¡Qué suerte la suya, dice! ¿Y yo qué?

Nada. Al bote ese lo dejé allí compadeciéndose, mire para otro lado y me encontré con un lavabo enterrado en cal y un cepillo de dientes con las cerdas, ya no abiertas, en posición horizontal respecto a la superficie. Y si crees que no hay nada peor que oír a un cepillo de dientes rezar por un entierro piadoso, te equivocas. Tú aún no has visto una pastilla de jabón peluda.

Lo que oyes. Una pastilla de jabón escurrida como una hojarasca y cubierta de asquerosos pelos negros de todos los tamaños y grosores.

No. No pongas esa cara, que aún queda lo peor.

¿Tú sabes lo que es un espejo? ¿No? Sí, hombre, ese artilugio mágico y reluciente como el agua plateada de los lagos de antaño. Sí, esa maravilla que proyecta en su rostro el color de las miradas que en el se posan. Sí, sí, pura poesía son los espejos, pura poesía. ¿Aquel sabes lo que era? ¡El guardabarros de un todo terreno! Allí había pegostes de pasta de dientes, restos de espuma de afeitar, restos de materia orgánica indefinida, churretes de líquidos sospechosos… En fin ¡De todo! ¡De todo! ¡Había hasta un mosquito aplastado!

No veas lo mal que lo pasé la primera noche. Para colmo empezaron a salir cucarachas, una detrás de otra, con toda la tranquilidad de quien pasea por su casa.“Vamos a ver qué pillamos”, decían. Yo pensando: “a ver si pillan la misma suerte que del mosquito ¡Pero lejos de mí!, que como al guarro le de por adjudicarme el cadáver de un artrópodo, me muero! ¡Me muero del asco!

Nada. Transcurrió la primera noche. El segundo día. La segunda noche. El tercer día… ¿Sabes cuando vi yo el agua por primera vez? ¡A la semana! Lo que oyes. No me lo estoy inventando.¡Qué tristeza!

Le tocaba al muy puerco bañarse porque por lo visto venía a cenar la novia. Yo me dije: “quizá la novia sea una chica respetable. Igual se fija en mí-que si es una chica respetable seguro que se fijará en mí-y le comenta algo al psicópata del menaje. Quizá la niña se apene y me lleve a su casa. Quizá acabe por fin, después de tanto dolor, en el lugar que me corresponde.

¡Pobre de mí! ¡Qué ingenua!

¿La niñata que salía con el mentecato, respetable? ¡Venga, hombre! ¡Aquello era más hortera que un bocadillo de Chiclets! ¡Un horror! La muy… La muy… La muy ordinaria. ¡Qué digo ordinaria! La drogadicta esa asquerosa se hizo un porro allí sentada en el váter y me tiró una china encima. Después se mojó las rastas y se las sacudió y… ¿Adivina quién quedó bien salpicada?

¡Y qué más te voy a contar! A mí ya me ha pasado de todo. O sea, a mí me han vomitado encima, me han escupido, me han echado mocos y babas, me han… Bueno, espera que te cuente; un buen día se taponó la bañera-evidentemente, eso era más que predecible-y me pasé dos semanas con los pies en remojo. ¡Madre mía! Cuando al nene se le ocurrió poner remedio al asunto yo ya tenía una neumonía de tres pares de narices.

Espera.

Espera, que te sigo contando. Una noche el muy cerdo llegó borracho, se metió en la bañera, perdió el conocimiento, se cayó de bruces y destrozó todas mis preciosas anillas. Me tenías que ver a mí, ¡a mí! ¡Con lo que yo he sido! Tirada en el suelo ¡En ese apestoso suelo! Me llevé de regalo residuos de todo tipo.

Al año de mi calvario, cuando ya pensaba que no me quedaba más por vivir, cuando ya pensaba que había tocado fondo, al chaval lo dejó la novia. ¡No te lo puedes ni imaginar! Poniendo caritas en el espejo-por fin limpió el espejo- y hablando solo. Se montaba unas funciones teatrales que daban pena. “Tú. Sí. ¿Ahora quieres volver conmigo, no?”; “Ahora. Sí. Ahora. ¿Pues sabes lo que te digo? Que este que está aquí no da su brazo a torcer ¿Entendiste?” ¡Y sabes qué tenía yo ganas de decirle!: ¡El brazo a torcer no! ¡Pero la muñeca a ver si se te luxa, porque tengo tu código genético memorizado! Me hacen un examen los del ceesei y salen de aquí flipando.

Pues la cosa fue a peor. Al mes o así de la ruptura, el nene se metió en un gimnasio. Por esto de la autoestima pudo ser. Sí, la autoestima, esa maravilla que yo hace tanto que perdí. ¡Imagínatelo! Haciendo posturitas. A mi ya no me quedaban lágrimas que llorar ¡Te lo juro! ¡Qué pena tan grande! ¡Qué horror! Me tenía aburrida ya de clases de anatomía. En serio. Hubiese preferido que le diese por diseccionar ranas en mis narices. Brazos para arriba, brazos para abajo, pecho para arriba, pecho para abajo. Y él, cada día más contento. Desde luego… ¡Pero si siempre estaba igual! ¡Aquel cuerpecillo no crecía ni a patadas!

Aguanté todo tipo de crisis. Aguanté llantinas. Aguanté mil y una cerdadas. Aguanté sus días malos y sus días peores. Aguanté hasta sus días buenos, que eran más malos que los peores. Aguanté… Aguanté… ¡Aguanté lo indecible! ¿Y sabes qué? El muy desagradecido me quiere cambiar ahora por una mampara.

Sí, lo que oyes.

¡Qué me ha salido moho, dice! ¡No te fastidia! ¿Te piensas que soy de piedra o qué? ¡No me va a salir moho! Lo raro es que no me salga vida animal. Lo raro es que no me hayan crecido patas. ¡Madre mía!

Una mampara. El nene quiere una mampara. Después de todo lo que he hecho yo. Después de todo lo que he pasado. ¿Pues sabes que te digo? ¡Que se quede con su mampara! Ni un día lo va a aguantar. Ni un día. ¿Esa? Esa a la primera de cambio se rompe en mil pedazos. Después ¿Qué? Pensará en mí ¿No? ¡Claro que pensará en mí! Y me echará de menos, y se dará cuenta de lo que ha perdido. ¡Claro que sí! Pues cuando eso ocurra… ¡A otra cortina con sus penas!

¡Ah! ¡No! ¡A su mampara!

¡Bah! Esa por no saber, no sabrá ni hablar –pura fachada-.¿Y adónde iré yo a parar ahora? ¿A un contenedor? No hay señoras pulcras, ni elegantes, ni siquiera respetables, que pasen por los contenedores para recoger cosas, ¿o sí? ¿Sabes qué? Al final me encontrará una dama ecologista, muy cuidadosa, limpia y muy consecuente con las injusticias sociales continuas que padecemos las cortinas de baño. ¿Y sabes qué? Me llevará con ella, me limpiará, me adecentará, me mimará y sí, finalmente y tal y como ha de ocurrir, por una mera cuestión de justicia: seré valorada como merezco, viviré feliz para siempre y cuando muera, me reciclaré en una bolsa de supermercado, que las bolsas de supermercado vienen, van y viajan como quieren.

WalkOfLife

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