CITAS EXTRAVAGANTES (PARTE I)

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Fotografías: Sergio Rosales Medina

Esta entrada iba a titularse “Cincuenta primeras citas”, pero mejorar el título me ahorra explicaciones.

Las ideas corren a cargo de los amigos de siempre, del recorrido me ocupo yo y el buen humor hace el resto.

¡Que los disfrutes!

CITAS EXTRAVAGANTES (PARTE I)

“Una carrera nudista, y tienen que llevar un ramo de ortigas para reconocerse”.

UNA ORTIGA ES UNA ORTIGA con Irene Álvarez Bosch

 

I

-Una ortiga es una ortiga –sentenció Carmen -. Puede parecer fresca, original y, si me apuras, hasta hermosa, ¡pero no deja de ser una ortiga! Y esa chica con la que te has citado a ciegas en el maratón nudista no me trasmite buenas vibraciones.

Nacho, que llevaba un rato en silencio, envolviendo la base del ramillete con cinta americana, decidió contestar por fin a los comentarios de la vecina.

-Te lo diré claro, Carmen; si al final no es una encerrona y también se presenta con su ramo de ortigas, me habré ganado un polvo en condiciones. Si no, no pasa nada, me pongo a correr en eses, de tanto en tanto muevo esto para los lados y quedo el primero fijo.

 

II

“Hay un maratón nudista en la playa de La Laja. Quedaremos allí”, le dijo ella. “Nos reconoceremos porque los dos llevaremos un ramo de ortigas”.

Al llegar a la playa encontró a otros veinte hombres, cada uno con un ramo de flores distintas. Jamás supo nada de la mujer. La razón por la que, habiendo un abanico tan amplio de géneros, eligió para él las ortigas, también sigue siendo un misterio.

 

El relato:

-Tienes una voz muy bonita.

-Es sólo uno de mis encantos. El de menor importancia, de hecho –contesta, con un tono de soberbia seguridad y sin pensar demasiado en que, hasta el momento, lo único que ha escuchado ella de él es un escueto e interrogante: “¿quién es?”.

-Te he llamado porque quería proponerte una cita a ciegas.

Él guarda tres segundos de silencio, los justos para recordar sus experiencias anteriores en este campo y la cantidad de veces que se ha prometido no reincidir.

-Me parece una idea fantástica –dice por fin -. Estaba deseando que me propusieras algo así.

-¿Y no te parece arriesgado? Ni siquiera nos hemos visto en fotos.

-No me importa –afirma él, agravando y elevando el tono de voz -. Además me encanta el riesgo, ya lo sabes –concluye. Y en ese mismo instante se pregunta si sería capaz de dar con las explicaciones adecuadas para resolver su identidad en el caso de que finalmente la cita a ciegas llegase a buen puerto.

-Supongo. Un astronauta militar ha de estar siempre preparado para el riesgo –añade ella.

-Bueno, tal vez decida licenciarme en breve. Últimamente tengo bastantes desavenencias con algunos mandos –adelanta él.

-¡Pero dejemos de hablar de trabajo! Tengo el lugar y la temática ideal para nuestra cita a ciegas.

Él vuelve a guardar silencio.

-Una playa –continúa ella –, un maratón nudista y los dos, que amamos tanto el riesgo, correremos llevando un ramillete de ortigas, ¿qué te parece?

Él se aleja el auricular del teléfono para poder toser con la intimidad y tranquilidad necesarias.

-Yo es que soy más de cines o bares. Un restaurante exótico a lo sumo.

-¡No me vengas con esas! ¡No te reconozco!

-Sí, en serio. Para algunas cosas soy un poco tradicional.

-Pero dijiste que el ejército y los viajes a Marte te habían librado de miedos y prejuicios.

-Ya estamos hablando de trabajo. Tú no querías hablar de trabajo.

-Tienes razón.

Él esconde un sentido suspiro de alivio.

-No obstante, la decisión ya está tomada y no me pienso bajar del burro. Si quieres, en nuestra segunda cita metemos cines y bares.

-No me gusta discutir. Estás empezando a parecerte a mi ex. Mejor dejarlo aquí. Vete sola a correr con las ortigas.

-¡No estamos discutiendo! ¡Estamos dialogando!

-¡Y un cuerno! Una cita a ciegas, en bolas y con un ramo de ortigas no es diálogo, es discusión. Para cualquier persona con un mínimo de sentido común sería discusión.

-¡Qué sentido común! ¡Tú eres diferente! No me vengas con esas. Me hablas como el resto.

-¿El resto? ¿Qué pasa? ¿Vas por ahí pidiéndole al personal que se desnude y que lleve encima flores venenosas?

-¡Claro que no! Se trata de un encuentro especial, con alguien al que creía especial.

-¡Gracias!

Él percibe un silencio esponjoso al otro lado del teléfono y después un gemido largo y profundo.

-¡Mujer! ¿Por qué lloras ahora?

-Me siento decepcionada.

-¡No! ¡Mujer! ¡No lo veas así de negro!

-Está bien. Si no quieres arriesgarte, si no eres lo que pensaba, si no apuestas por esto, yo… yo lo dejo aquí. Como dices; me voy sola a correr con mis ortigas.

-¡No! ¡Mujer! Tampoco es eso. A ver, podemos llegar a un acuerdo. Si quieres llevamos las ortigas, corremos, pero vamos con ropa. No sé, o al revés; vamos pensando en quitarnos la ropa, nos citamos en un hotel y luego compramos las ortigas. A ver… que soluciones hay. ¡Será por soluciones!

Él vuelve a percibir un silencio esponjoso al otro lado y después un sonido bastante extraño, similar al que podrían generar unas uñas largas raspando un cristal.

Aparta el auricular y fija la mirada en los orificios del altavoz.

Una mano de mujer atraviesa el dispositivo y se le aferra al cuello.

-¡Vamos a citarnos en el maratón nudista y llevaremos cada uno un ramo de ortigas! ¡Sí o sí! ¡No puedes decepcionarme! ¡Eres un astronauta militar!

-¡No! ¡No soy un astronauta militar! ¡Te he mentido!

Él consigue escapar de la mano pero la mano se estira, detrás sale el brazo, detrás el cuerpo entero de la mujer y finalmente tres cabezas de serpiente.

-¡Mentiroso!

-¡Sí! ¡Lo admito! ¡Pero fue con buena fe! ¡No me comas!

El monstruo avanza escupiendo improperios y soltando babas. Él retrocede, topa con la pared y grita hasta que consigue abrir los ojos. Respira agitado, luego se calma e intenta distinguir formas conocidas entre la oscuridad. Salta de la cama, enciende la luz de la habitación, coge su caja de cigarrillos y camina hasta la ventana.

-¡Me cago en la puta! ¡Ochenta euros que acabo de pagar por la nueva página de contactos y empezamos con estas!

 

Y de regalo…

La canción:

Es por culpa de una hembra
que se me está yendo la olla
me ha citado a un maratón
con ortigas y sin ropa
Y si de este mal de amores
a mi me llevan los picores
tened a mano la pomada
que como dice esta samba
Estribillo:
Quise cortar la ortiga
más dura del jardín
pensando que por vieja
picaría solo un pelín
y mientras me picaba
me enseñó una cosa
que una ortiga es una ortiga es una ortiga….

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