CITAS EXTRAVAGANTES (PARTE III)

policia1Fotografía: Carlos Jiménez (Sobrino de Murphy).

Cerramos esta ronda de soluciones para las relaciones personales, el amor y lo que surja. Tercera parte de “Citas extravagantes”, con fotografía de Carlos Jiménez, idea de Rafa Gil y textos de servidora. ¡Y a otra cosa mariposa! Con esta y las dos anteriores, quien no se haya instruido… ¡tiempo ha tenido!

 

CITAS EXTRAVAGANTES (PARTE III)

“Una comisaría de policía con sus esposas y toda la salsa”.

FALSA IDENTIDAD Y OTRAS MENTIRAS PIADOSAS con Rafa Gil

 

I

No tenía suerte con las mujeres; ningún miembro de su banda habría intentado ligar con un agente de policía, ni por casualidad; “Los monos se huelen desde lejos”, solía decirle su mejor amigo. Contar que se llamaba Paco y que era natural de Cádiz, con ese acento ruso tan marcado, tampoco había sido una idea brillante. Por último, dar por hecho que ella era consumidora de cocaína y ofrecérsela a un módico precio, no entraba dentro de los detalles de cortesía más acertados. Todo ello, desde la tranquilidad que le aportan a uno unas esposas y la sensación de tener una eternidad por delante para pensar, quedaba plasmado en un marco teórico demasiado simple, incluso injusto; en realidad él no nació estúpido y todos los desenlaces pésimos, por más que uno se los mirase, no eran sino la suma final de pequeños errores.

 

II

-¿Y tú qué haces aquí? –le preguntó el preso con el que compartía calabozo.

-Conocí a una policía por internet, quedamos hoy, quería impresionarla y vine a buscarla al trabajo con un Ferrari.

-¿Robado?

-No –contestó con retintín –, lavado con Perlan.

 

El relato:

La cuarta chica sí le envió una fotografía y él decidió que en esta ocasión no se echaría para atrás. Las tres anteriores lo engañaron, afirmaron por escrito que eran muy atractivas y luego tuvieron la poca vergüenza de aparecer, tal y como se pactó, en un sitio D, a una hora H, con un libro de Kafka a la vista, y él, que tampoco dio pista alguna acerca de su identidad, indignado, resolvió robarles el bolso y salir corriendo. Gracias a esta loable ocurrencia, además, descubrió que ninguna de las tres tenía pensado pagar la cuenta. Aparte, una de ellas contaba con dos hijos no mencionados, la otra estaba casada y la tercera, muy optimista, había llevado a la malograda cita un paquete de condones XL de doce unidades sin abrir. Eso sí, las tres se sinceraron y cada una le envió su respectivo email confesando que no había podido esperarle por culpa de un atraco. “¡Qué mala suerte!”, respondió él por triplicado. “Mañana me voy de viaje a los Estados Unidos por un mes, pero no te preocupes, a la vuelta te traeré un bolso nuevo”.

Ahora, mientras estudia el rostro de la cuarta, piensa: “No te puedes fiar de las mujeres de hoy en día. Pero tú me trasmites buenas sensaciones. Yo creo que lo nuestro sí podría prosperar”. Así que quedan en un sitio D, a una hora H pero sin literatura de por medio y allí no hay nadie que se parezca ni de lejos a la morena de la fotografía. Por no haber, no hay ni mujeres; sólo una inglesa con un mapa que mira permanentemente hacia arriba y que acaba tropezándose con él.

Espera treinta minutos por aquello de contemplar incidencias y retrasos de última hora. Pasados los treinta minutos regresa a casa y justo al entrar se da cuenta de que no lleva la cartera. “¡Maldita guiri!”, exclama. “¡Seguro que fue ella!”. Corre hacia la comisaría de policía más cercana a su domicilio y allí se pone al día; lleva el suficiente tiempo sin leer periódicos ni ver noticiarios como para no haberse enterado de que circula un retrato robot suyo junto al sobre-nombre: “El ladrón de Kafka”. Novedades al margen, intenta mantener la calma, se convence de que el retrato no le hace justicia y respeta su turno de espera tal y como haría cualquier ciudadano inocente. Relata su historia a los agentes, que tampoco parecen encontrar similitud alguna entre el retrato robot y su persona, regresa a casa, enciende el ordenador, revisa el correo electrónico y encuentra el nombre de su primera cita en la bandeja de entrada junto al siguiente mensaje: “Estoy en Bélgica. Este lugar es muy bonito, te lo aconsejo como destino en cuanto acabes tu viaje por los Estados Unidos. Hay muchos sitios que visitar y las carteras están tiradas de precio”.

 

Y de regalo, por cortesía de YouTube y de Sabina…

La canción

 

 

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