Los Mundos de Lluna

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Lluna nació el tres de agosto de 2011 y murió el cuatro de agosto del año siguiente. La conocí a los seis meses de edad, así que pude disfrutar de su compañía durante seis meses.

Le creé su propia página de Facebook para que pudiese compartir con el mundo pensamientos y travesuras, y en seguida se ganó el corazón de un buen puñado de amantes gatunos. Hoy me he dedicado a recopilar sus mejores anécdotas y reflexiones, coincidiendo con el aniversario de nuestra despedida.

Le dedico esta entrada a Helena, Sandra, Santiago, Ivana, Sonia, Xul, Patricia, Ruth, Blanca, Miriam de Cosas de Gatos,  los chicos de Mateo y Fefa… y todas las personas que me ayudaron a hacer más soportable el dolor de la ausencia.

GRACIAS.

LOS MUNDOS DE LLUNA

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Peces

I Mis nuevos humanos también tienen jardín: es muy pequeño y está lleno de mariposas. El único inconveniente es que se encuentra cubierto de agua.

II Estoy practicando, hasta ahora resulta un tanto frustrante: si golpeo el cristal desde abajo, las mariposas suben, pero en cuanto ven mi patita arriba, vuelven a bajar.

III Llevo tiempo percibiendo ráfagas de olor a sardinas. Creí que la imaginación me estaba jugando malas pasadas. Hasta hoy, feliz día en que mi humano se dedicó a manipular su mini jardín. He descubierto que los pobladores del mini jardín, muy semejantes a las mariposas pero de movimientos sospechosamente más lentos y armónicos, son una cosa muy suculenta: PECES (o sea, el nombre genérico que reciben las sardinas y los atunes). Este reciente hallazgo le ha dado a la situación un giro verdaderamente atractivo.

IV Definitivamente, acostumbrar a los peces a mi presencia no resulta una buena estrategia para ninguna acción futura; es de hecho la peor decisión que he tomado en mis seis meses de vida: no puedes ver un pez, poner la patita, tocar un cristal, quitar la patita y continuar viendo un pez.

V Mi abuela, que era una gata muy sabia, me enseñó a enterrar muy bien las caquitas en base a un inteligente y del todo lógico planteamiento: gracias a las caquitas germinan verduras y donde hay verduras hay conejos, donde hay conejos hay crías de conejos, y donde hay crías de conejos hay impagables momentos de felicidad. He intentado practicar en casa, pero mis humanos retiran las caquitas, las meten en una bolsa y luego esa bolsa desaparece. Todo ello me conduce a una teoría que cobra fuerza conforme más la pienso: los peces son una distracción, colocada en el salón estratégicamente, para alejarme de un escondido y celado tesoro familiar: el criadero de conejos.

VI Tengo una táctica mejorada para ganarme la confianza de los peces sin que la dichosa pared de vidrio influya ni en mi salud mental ni en mi autoestima. Ahora me aproximo al acuario y, sin expresar atención alguna hacia sus habitantes, apoyo dos patitas en la parte superior, acerco la naricilla al agua y bebo a sorbos pequeños. Al tercer o cuarto sorbito levanto una patita, la meto con disimulo en el agua y allí la dejo, describiendo movimientos suaves, hasta que termino de beber, examino el salón y compruebo que mis humanos, con la tranquilidad que les ha otorgado la ignorancia, han acabado de fregar mi cazo rojo y lo han vuelto a colocar lleno sobre el suelo.

VII Recostarme junto al acuario para desear con gatuna paciencia la muerte de todos sus habitantes y que venga JB, me mire con ternura y me diga: “Muy bien, Lluna, así me gusta, que cuides de los peces”.

VIII Por un asunto de dignidad; antes de que os enteréis de otra manera, lo contaré yo misma: estuve haciendo experimentos y me caí dentro del acuario (entiéndase como comunicado de prensa sin lugar ni tiempo para las preguntas y… corramos un tupido velo).

IX Tres cosas que debe hacer una gata antes de morir: caer de una altura considerable y salir ilesa, pelear con un perro y abrir un bote de comida para peces.

X No sabes cuál es tu nivel de resistencia a la frustración hasta que intentas abrir el bote de comida de los peces. Esta experiencia marca un “antes” y un “después”, en verdad os lo digo.

XI ¡Estoy eufórica! Los escalares han puesto huevos y mi humano los ha metido en un criadero; o sea, un campo de concentración lleno de crías, con las dimensiones perfectas para que pueda atraparlas sin hacer uso de tácticas complicadas y sin mojarme toda la patita.

XII Cuando estaba a punto de hacerles entender que la desaparición del pez gordo fue un suceso nada vinculado a mis actividades y preferencias, aparece la abuela y lo estropea todo. Que sí, que fui yo sin ninguna duda, dice, que mi madre se comió a varios canarios sin dejar rastro. Los humanos son unos prejuiciosos, todo el día pendientes de referencias y fijándose en el pasado.

XIII Me gustó desde el principio. Observé que era uno de los pocos peces que engordaba y cambiaba de tamaño. Así que decidí esperar. Por su envergadura y su carácter tranquilo no creí que superase la mudanza. Así que decidí esperar más. Aguantó la mudanza pero fue amenazado de muerte por los escalares. Así que obviamente continué esperando. Los escalares no lo mataron y entonces llegó Ázul, que en un momento dado, podría cargar con las culpas. Así que esperé. Esta tarde supe que, de seguir así, el maldito pez le sobreviviría a mis nietos.

XIV Querer a tu gato significa no tapar el acuario cuando te vas de casa.

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Plantas

I ¿Qué es una “planta de interior”? Eso, ya de entrada, suena tan antinatural como el término “pez de secano”. Así que bueno, si muere… pues eso.

II No tengo la culpa de que las “plantas de interior” parezcan árboles y después sean igual de resistentes que un pedazo de cartón mojado.

III Aunque veas sus cuerpos partidos, algunos semienterrados y sus cabezas en la otra esquina de la terraza. No sufras. Ahora están en el cielo de las flores, un lugar maravilloso en el que hay mucho sol, muchos arcoíris y todas las plantas cantan al son de una brisa mágica hecha con los silbidos de Dios, amén.

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Juegos

I Hace muchos, muchos años, un buen hombre diseñó un artefacto de escondrijos para que su gato jugase y se lo pasase muy bien. Este buen hombre murió, sus hijos traicionaron el testamento, arrebataron al gato lo que era suyo, colocaron ropa dentro y decidieron llamarlo armario.

II Este glorioso domingo de febrero me ha proporcionado una nueva acepción del término “felicidad”: Estado anímico producido por favorables circunstancias coincidentes que propician simultáneamente sensación de confort e idóneas perspectivas respecto a planes futuros. Por ejemplo, que por fin te levantes sin celo y después de beber tu ración de leche, mires hacia la ventana y descubras que tus humanos han puesto cortinas.

III Entiendo perfectamente que un ataque frontal a las cortinas pueda interpretarse como un acto delictivo por mi parte. Por eso, y después de observar a los humanos dedicados al noble arte de la política; dejo que mi pelotita ruede, acabe por accidente detrás de la tela y el resultado pasa a llamarse “daños colaterales”.

IV Tengo una tormentosa relación con los bracitos de JB. Son tan tiernos y mordibles que, aunque empiece lamiéndolos con las mejores intenciones, siempre acabo haciendo otra cosa.

V Sobre los muebles hay bolígrafos y mecheros que tendrían que estar en el suelo. Yo los hago rodar con alegría y sin malas intenciones. Justo después escucho una voz en mi cabeza susurrándome: “escóndelos… escóndelos”.

VI Quedarte encerrada en un armario de la cocina, maullar y escuchar a tus humanos corretear muy cerca tratando de dar con tu paradero. Volver a maullar, quedarte en silencio, acto seguido sentir que tus humanos se detienen… y se callan. Entonces uno pregunta: “¿La has escuchado?”. Y la otra grita: “¡Oh, Dios! ¡Creo que está dentro de la lavadora!”.

VII JB, el mosquito se meterá esta noche en nuestro dormitorio, volará sobre vuestra cama, os examinará y se posará sobre vuestra carne. Yo recordaré vuestras burlas, recostadita en mi cuna, fresquita y a salvo, y le susurraré: “Chupa, chupa, mosquito imaginario, chupa”.

VIII ¡No me llaméis revoltosa! ¡Conseguiréis antes que me apunte a clases de natación a que decida desperdiciar las noches de verano durmiendo!

IX Las mariposas nocturnas me tienen en un sin vivir. Si me emociono mucho caen como plomos y abandonan el juego. Si les doy cancha suben hasta la lámpara y allí se quedan, por más que las llame. Después están las que se hacen las muertas y las que se esconden detrás de los muebles, esas son las peores.

X Mi humano pone música, la fregona danza frenéticamente contra el suelo. Me retraigo a épocas remotas o a las historias que me contaba mi abuela sobre cánticos esotéricos y magos que agitaban nidos de serpientes. Cuando todo se calma y vuelve el silencio, el mundo queda colocado del revés. Frustrante cura de humildad: el hechizo ha cubierto a las distancias largas de incertidumbre, las distancias cortas son peligro de tropiezo y caída, y la pelotita y el taponcito de corcho se burlan de mis derrapes.

XI Agujero negro: es aquella región finita del salón provocada por la presencia de un tresillo o sofá, bajo el cual se genera un campo gravitatorio tal que atrae a todos mis juguetes.

XII Mi cola ha crecido. Y algo ocurre; cada vez que miro hacia atrás la pillo infraganti, vigilándome y moviéndose de manera sospechosa. Lo peor del asunto es que sigue siendo mi cola, y por mucho que me enfade esta situación, no puedo morderla todo lo fuerte que quisiera, porque duele.

XIII Coger carrerilla, saltar por encima de los muebles y el sofá, morder a tu humano, correr hasta el suelo, volver a coger carrerilla y repetir el proceso cuatro veces como máximo. He dicho cuatro veces como máximo. Ayer probé una quinta y las consecuencias fueron fatales. Mi humano se levantó del sofá, me persiguió, me dio alcance, me tumbó en el suelo, me hizo girar y girar como una peonza y después me colocó en lo alto de un armario.

XIV Truco especial para jugar a los sustos: si corres por toda la casa y haces “purr” tus humanos no entienden y se preguntan cosas raras. La clave está en correr, esconderte, soltar un maullido y esperar.

XV Nada por aquí, nada por allá… ¿dónde está el mechero?

XVI Pregunta trampa: “¿No sabrás qué ha pasado con los mecheros y con los bolígrafos de esta casa, verdad?”. Recuerda que son humanos, no pueden leer en tus ojos indicio alguno de fechoría. Relájate, sonríe, si es necesario bosteza, esconde las patitas debajo del pecho y continúa ronroneando tranquilamente.

XVII

Paciencia para esperar a que tu humana se levante: un euro.

Contar tres minutos desde que tu humana se levanta: un euro.

Actuar rápidamente y luego copiar la postura exacta en la que estabas antes: un euro.

Ver a JB buscando la tapa de su bolígrafo por toda la casa no tiene precio, para todo lo demás, MASTERCAT.

XVIII

MUY IMPORTANTE:

1-No te emociones.

2-No juegues mucho con el botoncito verde.

3-No metas la cabeza por la madriguera misteriosa.

Cada vez que tus humanos estén delante has de seguir estos consejos. Así quedarás libre de sospecha, ellos no cerrarán la puerta del despacho cuando se vayan de casa, y entonces, con tranquilidad y en la soledad oportuna, podrás descubrir qué animalitos se esconden dentro de la IMPRESORA.

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 La verdad de las cosas

 

I

Había una vez un río lleno de peces y con flores y mariposas contentas en la orilla. Y al río bajaban a beber ardillas y otros animales suculentos, quiero decir bellos, miau. Entonces un hombre que vivía cerca del río le dijo a Dios: “Dios, ya no me gusta la pesca; he aprendido a criar cabras y además me atraganto con las espinas. Y yo soy un hombre y, aunque no me coma a los animales, tengo la manía de capturarlos igualmente. Entonces, ¿qué hacemos con los peces?”. Entonces Dios contestó: “No sufras. Primero adopta a un gato, sírvelo y complácelo en todo lo que pida y después, yo, Dios todopoderoso, te permitiré llevarte los peces a casa”. Así que el hombre, siguiendo al pie de la letra las justas, coherentes e irrevocables indicaciones de Dios, adoptó a un gato y lo convirtió en el rey de su casa. Posteriormente Dios, constatando que se había hecho lo universalmente correcto y que el hombre ya estaba iniciado en el buen camino, dijo: “Ya puedes traer los peces a tu casa”. Y el hombre metió los peces en un acuario y los puso en el salón. Por su parte, el gato, llamado Lluno casi igual que yo pero esto que cuento también es cierto, reflexionó, contactó con Dios, con el que tenía, tiene y siempre tendrá línea directa, y le explicó: “Dios, este humano es un cazurro; priva a los peces de su habitad natural sólo para observarlos”. A lo que Dios respondió: “Tú, gato, divinidad celestial, mi ojo derecho, no te preocupes. Está todo pensado. Ya sabes que soy Dios. Este hombre y todos los demás, contigo, con tu encomiable conducta y con tus mejores maneras, se instruirán en los valores de la independencia y la libertad. Y gracias a ti, divinidad elegida, adorado celestial, alcanzarán la sabiduría y respetarán al resto de animales. Pero como sé que les llevará su tiempo, y tenemos que aunar paciencia, tú, gato, de vez en cuando podrás escoger a un animalito encarcelado, me avisarás, y yo, Dios todopoderoso, lo teletrasportaré a un lugar maravilloso en el que todos nadan, corren, vuelan libremente y sin restricciones. ¿De acuerdo, gato?”. Y el gato contesto: “Dios, me parece duro, pero por ser tú y como sé que todo lo que me pides y todo lo que se te ocurre es bueno, te digo que sí”. Desde entonces, y por voluntad divina, los peces, los hámsters, los jerbos, las ardillas coreanas, las cobayas, los conejos etc, se teletransportan amén, digo miau. Y así como las he contado, ocurrieron realmente las cosas.

II

Había una vez, en un lago muy hermoso, rodeado de plantas, árboles altos y frondosos, todos llenos de nidos de pajaritos, y con ardillitas y conejos felices que dejaban solas a sus crías y también había mariposas. Pues en este lago, que estaba compuesto de agua, vivía una familia de peces. Entonces los peces le dijeron a Dios: “Dios, nos consideramos un poco dichosos. Para sentirnos completamente dichosos necesitamos subir y conocer al resto de animales”. Dios pensó que los peces no podían estar equivocados y para satisfacer su deseo le pidió ayuda a la divina gata Lluna, que se llamaba igual que yo, pero esto es casualidad y todo lo que acabo de contar es cierto. Así que Lluna, que gozaba de un atractivo sin igual, y además era bondadosa, acertada, delicada, ágil, risueña y cuidaba sus uñas gracias a un rascador gigante, con cunas para dormir incorporadas y agujeros para jugar también incorporados, y el rascador estaba fabricado por humanos con los ojos redondos y grandes. Bueno, pues Lluna le dijo a Dios: “Yo, que soy tan buena, pondré mi cuerpo al servicio de los peces. Beberé agua, después me meteré los peces en la boca, me los tragaré y estarán felices y calentitos en mi estómago. Luego me colocaré frente a las plantitas y los animalitos y abriré la boca para que los peces puedan verlos y conocerlos. ¿De acuerdo Dios?”. Y Dios contestó: “De acuerdo”. Así que Dios se quedó muy contento y Lluna bebió agua, se metió los peces en la boca, los tragó, los acogió en su estómago, luego se colocó frente a las plantitas, los animalitos, abrió la boca y los peces exclamaron: “¡Qué bonito es todo! ¡Queremos verlo mejor!”. Lluna, que era tan buena, respondió: “Yo, que soy tan buena, me meteré en la boquita plantitas y crías de ardillas, conejos y pajaritos para que podáis conocerlo todo mejor. ¿De acuerdo?”. Y los peces exclamaron al unísono: “¡Sí!”. Y así fue como pasó, realmente, porque lo que acabo de contar es absolutamente cierto. Y si ves beber a tu gato del acuario es porque quiere ayudar a los peces, y si se mete a los peces en la boca y luego se va al jardín, no lo persigas, porque Dios puede castigarte, ya que sabe de buena tinta que todo lo que hay en tu gato es bondad. Fin.

III

Dios creó al gato a su imagen y semejanza para que dominase en la tierra, igual que Dios domina en los cielos. El primer gato fue llamado Adán. Adán se rompió una uña y de esa uña salió un hombre, que estuvo al servicio del gato durante años. Pescaba para Adán. Adán, por su parte, le premiaba con raspas de pescado, pensando bien y deseando lo mejor para el hombre. Claro que el hombre era un poco inútil, un día se atragantó con una espina y murió. Dios castigó al gato por negligente. En adelante él mismo se encargaría de crear a otro hombre. La tarea le llevó el suficiente tiempo como para agotarle la paciencia, pillar un pedazo de barro y dedicarse a hacer chapuzas. De manera que el siguiente hombre, creado por Dios, salió algo más hábil que el anterior pero con muy mal carácter. Fue nombrado Adán, igual que el gato, para que conviviesen como hermanos. Sin embargo y debido a los cuestionables procesos de creación, el nuevo Adán hombre y el viejo Adán gato no se soportaban. Intentaban disimular pero realmente pasaban el día haciéndose la puñeta. La tensión creció y creció y, justo cuando la situación empezaba a pender de un cordón de juguete, apareció una mujer, Eva, con una costilla en la mano y susurrando “misi, misi, misi”. Adán gato se comió la costilla haciendo alarde de una delicadeza gatuna imposible de igualar, luego miró al Adán hombre con cara de desprecio, se sentó en el regazo de Eva y ronroneó durante horas. Circunstancia que condujo al otro, celoso y débil, hacia el pecado y la mentira: le destrozó una peineta a Eva y echó toda la culpa de lo sucedido al gato. Eva, víctima de su inocencia y su bondad, creyó al Adán hombre y se lió a darle escobazos al Adán gato. Dios, con un enfado colosal, arrojó a los humanos del Paraíso, acto seguido convirtió al gato en tigre y también lo mandó para abajo, para que pudiese vengarse durante generaciones y generaciones hasta la aparición de la dinamita y las escopetas Amén, digo, Miau. Y así como las he contado, sucedieron realmente las cosas.

Lluna 3 del 8 de 2011/ 4 del 8 de 2012

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