La llevé al acantilado

 
 
 
 
elmardelosdeseos

 Fotografía: Esther González González (Istar Famiredo)

La llevé al acantilado
y sobre las rocas y la marea calma
la dejé sentada.
“Mira al agua desde arriba”,
le susurré.
Mira cómo no se mueve nada;
pasan los ocasos y las tormentas,
y la piedra sigue callada.
Gritan las olas y se levantan,
y la piedra sigue callada.
Muere la luna sobre su laguna de plata,
y la piedra sigue callada.
El viento extiende su voz limada,
y la piedra sigue callada.
Las gaviotas rezan al alba,
y la piedra sigue callada.
Todo es paz aquí,
todo pasa,
todo desaparece,
todo llega de nuevo,
para dejar sobre la piedra,
-callada- cualquier vestigio
de importancia.
 
Ella no miró desde arriba,
ni siquiera lanzó sus ojos
al regazo siempre igual
del horizonte morado,
ni se paró a respirar la brisa,
ni a llenar de sal la boca,
ni a contar las heridas
que dejaron las lapas muertas.
 
Contestó:
“También pasaremos nosotras,
nos iremos y desapareceremos,
como los ocasos,
las tormentas,
las olas,
la luz de la luna,
el viento y las gaviotas.
Otras se sentarán aquí,
hablarán de permanencia,
se compararán con la piedra,
-la adularán- y la piedra,
muda,
Dejará que sigan engañadas”.
 

Song To The Siren

Judith Bosch 2009

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