Redescubriendo a Luis NCT

autorretratoPor Ricard Millàs y Judith Bosch.

Hay ilustradores que te dejan huella y Luis NCT es uno de ellos. Ricard y servidora hemos querido rendirle un pequeño homenaje a través de este post y dejemos las explicaciones para luego. ¡Que lo disfrutes!

 

Redescubriendo a LuisNCT

 

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En el nombre del mar

Ilustraciones: Luis NCT

Textos: Judith Bosch

 

08I Génesis

“Los parásitos y la revolución industrial han enfermado a nuestra especie”, le susurraba ella, aún con la voz sin rasgar y una espesa melena que le caía sobre los hombros. “Nos gobiernan miserables, enclenques temerosos, cortos y ladrones. Dicen que el sistema confabula contra los débiles pero es justamente al revés; los parásitos, disfrazados de peces gordos, tienen la oportunidad de reproducirse más y vivir más años”. Y ese discurso se repetía, una y otra vez, en todos los idiomas. La voz de su hermana muerta, su musa, acariciaba las páginas, desordenaba las palabras y volvía a colocarlas. “Leer”, le había dicho tanto tiempo atrás, “es el arte de descifrar el mensaje único que cada libro tiene para ti”.

 

 

09II Transformación

No tendría hijos y sus padres aún le reprochaban que si hubiera contado con los recursos suficientes habría podido costear un tratamiento para su hermana. “Eres un mierda”, repetían. Su hermana, calva, intubada e hinchada, le decía: “No te culpes por lo que está sucediendo. Jesús quiso enseñarnos a pescar y el sistema, para callarnos, nos vende a cada uno, con el nombre de vida, una pescadilla enferma que se muerde la cola. Nos gobiernan parásitos disfrazados que, a diferencia de los auténticos peces gordos, no se jartan nunca”. Las ideas, los recuerdos y la rabia empezaron a girar dentro de una centrifugadora infernal que, desde entonces y para siempre, acabó con el silencio.

 

 

10III La señal

Llenó el coche de explosivos y se dirigió a la ciudad. Por el camino se cruzó con una chica; la melena espesa le caía sobre los hombros y tenía una pescadilla mordiéndose la cola dibujada en la maleta.

-¡Espera! ¡Ven un momento, por favor!

La chica se acercó despacio y con expresión de desconfianza.

Él leyó una sonrisa en su rostro.

-Voy a hacerlo. Por fin voy a hacerlo –le confesó.

Ella encogió los hombros y negó con la cabeza al tiempo que contestaba: “No te detendrá nada y no te equivocas: esos parásitos llevan tantas generaciones disfrazados de peces gordos que ni siquiera ellos recuerdan lo que son en realidad”.

 

 

11III La última parada

Bajo los cimientos duermen los vivos, los muertos, las leyendas, las injusticias, aquellos que no nacerán y los que aún no han nacido. Frente a las cristaleras de colores las mentiras se confunden con las verdades y las verdades con lo inventado.  Allá donde miran las estatuas no existen ayeres, ni mañanas. No existen culpas y no existe Dios, por eso las Iglesias son tan idóneas para pensar.

Se llevó el dedo a la frente y luego a los hombros diciendo: “Jesús, no importan los peces que multipliques ni los peces que pesquemos, si acaso aprendiéramos a pescar; los parásitos, disfrazados de peces gordos, siempre harán lo posible para comérselos a todos”.

 

 

12V El desenlace

Todos hablan del suicida kamikace.

Ella no le dijo a nadie que lo había visto. Había estado frente a él y él le dijo: “Voy a hacerlo. Por fin voy a hacerlo”. Ella le contestó que no entendía nada; que probablemente se estaba equivocando de persona. El sonrió y se marchó y desde ese día ella sueña con aquella chica de cabello negro y expresión triste.

Pide otro café y abre el tercer periódico por la correspondiente página de sucesos:

“Los peces bomberos y los peces policía han hecho un gran trabajo y el accidente, que podía haber desencadenado una catástrofe, solamente se ha cobrado una vida. El presidente ha expresado su más sincero agradecimiento a las instituciones que, en nombre del estado y los parásitos que lo componen, nos protegen de desaprensivos, defienden la justicia, la democracia y salvaguardan el bienestar del mar. Tú eres la próxima elegida; lamento que también desees morir en vano pero si ese es tu destino en las próximas ediciones te daré las pistas que necesitas para llevarlo a cabo”.

 

 

020304050607SUEÑOS DUROS

Ilustraciones: Luis NCT

Textos: Ricard Millàs

 

02I

Fumar el puro azul de los pulmones mientras las marcas de la pared miden el paso del tiempo. El pelo tapando la cara, los pies cúbicos encima de la cama. Tu ombligo es un agujero sin fondo, una guitarra sin cuerdas, tirada en un escenario vacío. Olvidada. Sienta bien dejar que la sustancia fluya por las venas mientras corres a la ventana y buscas la reafirmación de la existencia; alguien camina sin rumbo fijo, como un paseante que espera que la caída del sol le invite a irse a casa. En la Rue Ketanou un rostro se asoma por la ventana para ver la cadencia silenciosa del caminante. Un transeúnte titulado; zapatos gastados, bufanda ahogando al deseo, las manos ocultas en el reverso oscuro del abrigo.

 

 

03II

La pesadilla envasada en un frasco que no recuerdas haber comprado baja por el esófago para cumplir su misión. Caes en un estado de estupor catatónico. El humo que sale de la pipa dibuja una calavera sonriente. Te apoyas en la pared, casi desnuda. Quieres amar pero no tienes a quien. El caminante ha seguido su camino; que importa si existe o simplemente es un dibujo más del lienzo de la sustancia que ingieres a largas bocanadas. La pastilla empieza a hacer efecto; quieres trazar una línea entre la vida y la muerte pero te olvidaste del lápiz. Da igual. Estírate en la cama y déjate llevar por el oleaje de las vibraciones musicales de decenas, cientos, miles de discos de vinilo. Swans, Coil, Lou Reed, Supertramp, Beatles, Iggy Pop, David Bowie, Electric Light Orchestra… arrastrándote hacia la playa del fin del mundo. Hacia el ocaso de la resurrección. Dejarás de existir por un momento. Lo único que cuenta es el oleaje dentro de la cabeza. El son del diapasón olvidado y roto. Hasta que el disc-jockey se canse y queme toda la música del mundo. El fuego devorará a los clásicos y a los postmodernos. El fuego inventará un nuevo ritmo.

 

 

 

04III

Plantas. Drogas duras. Quizá sea la flor del opio la que te hacer ver vacas comiendo de un cadáver. Osos de peluche sin cabeza. Cabezas de oso sin vida arrancando la carne del cuerpo sin vida. La no muerte se pondrá en pie y buscará la materia caliente que se esconde bajo la vestimenta. Ir disfrazado de hombre desnudo. Ser músculo y hueso y venas infladas por el bombeo del opio. Horrorizado un hombre asustado busca la manera de dejar de observarlo todo. Pensó que con ello se sentiría más libre. Ahora solo quiere ser ciego. El brillo de los ojos de la cabeza del oso te infunde ternura. Piensas que tu idea de los sentimientos está a años luz de tu conciencia. Ves animales devorando a gente. Te permites el hecho de poder dudar de tu persona. Sonríes con los ojos cerrados esperando a un nuevo capítulo de tu pesadilla enlatada.

 

 

05IV

Has dormido tanto que ha pasado un día entero. Lo primero que ves es tu reflejo. Estás desnuda y te sientes sexy pero no hay tiempo para mirarse al espejo; el teléfono suena tan fuerte como la alarma de emergencias del Enterprise. Tienes unas llaves en las manos. Recuerdas ver osos con la boca llena de sangre. Tienes el sujetador en el suelo y las bragas colgadas del perchero. Te duele la cabeza; estás sudando pesadillas. Saltas de la cama para coger el teléfono. Por un momento tienes miedo de que al otro lado del auricular nadie responda. La pesadilla enlatada sigue corriendo por tus venas. Nunca más vas a comprar mierda que no hayas probado. Tú querías dibujar en tu mente pero no pasar tanto miedo. Te escondes debajo de una camiseta y unos pantalones de pijama y descuelgas el auricular.

 

 

06V

Tu pesadilla adquiere el rostro de tu antiguo novio. Ahora se le ilumina la cara por la luz del teléfono infernal por el que te ha llamado. Rodeado de varias personas con aspecto de demonios disfrazados de gente común, te saluda desde lo más profundo del infierno. Hay cobertura allí abajo. “Tengo tres rayitas”, te dice. Su voz dirige tu mano hacia la parte que une las dos perneras del pijama. Tu ex era un maestro bajo el reino de las sábanas. Oyes música. Música quemada por el disc-joquey de tus pesadillas. Música de mujeres peleando con gatos. Con la cara rasgada y los gritos a modo de letra para canciones extrañas. El público vitorea a las musas de la muerte del rock postmoderno. Swans y Coil mueren como el plástico quemado. Y los demás también.

 

 

07VI

Observas que tu cerebro funciona del mismo modo que el mundo onírico. Vistes un jersey y estás junto a tu ex. La música muerta sigue enzarzada en la pelea de gatos y mujeres con sangre en la cara en lugar de pinturas de guerra. No sabes cómo pero estás allí. Tu ex te enseña las tres rayas del teléfono. Constatas la información que hace dos segundos te ha dicho a través del auricular. “¿Quién se encuentra al otro lado del hilo?”, preguntas. Pero su mirada está absorta, casi hipnotizada por el hecho de que se pueda llamar desde el infierno. Sabes que sigues durmiendo. No pasa nada. No es la primera vez que crees estar viviendo tus sueños. Dormirás hasta que el oleaje de la droga se diluya por completo en la sangre. Dos semillas en un plato con migajas. El averno ha desaparecido. Botellas agolpándose por ser las primeras en ser consumidas. Nada tiene sentido. Te da igual. Sigues con los ojos cerrados.

 

Ricard Millàs, Judith Bosch y Luis NCT 2015.

 

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