La habitación de Antonio Pedro

antonioyyoLa habitación en la que te quedaste la última vez que viniste a vernos se llama “La habitación de Antonio Pedro”. La llamábamos así mientras la preparábamos para ti, la llamamos así los días que estuviste con nosotros y seguimos llamándola así porque ibas a volver y esa siempre sería tu habitación.

Hoy tengo que recoger la habitación y guardar la cama en el cuarto de los trastos. Es una de las tantas cosas que me quedan por hacer a partir de esta semana. En mi corazón siempre habrá una habitación para ti; está llena de recuerdos hermosos y a partir de hoy la llenaré con lo que a ti te hubiera gustado. Por eso he hecho una lista de propósitos; para que el día en que volvamos a vernos me encuentres sonriente y te sientas feliz:

1-En tu habitación las lágrimas son el preludio de la alegría y me ayudarán a reencontrar el camino.

2-En tu habitación hay al menos cinco motivos diarios por los que sentirme dichosa y agradecida.

3-En tu habitación hay gente que me quiere, buenos amigos que están por llegar y yo sé verlos y valorarlos.

4-En tu habitación siempre hay un momento para jugar, leer y crear. Hay una pila de juegos de mesa, estanterías con libros y un sitio en el que guardar lienzos blancos y pinturas.

5-En tu habitación todos tenemos fallos y aciertos y ningún enfado dura demasiado.

Puedo adivinar tu expresión de fingida sorpresa; tus cejas levantadas, tu boca entre abierta y aquel: “Me parece muy bien, mi niña. Ahora a ver si lo cumples”. Pero esta vez no te contestaré: “¡Ya estamos! ¡Si te lo digo es para cumplirlo!”. Ni tú mirarás alrededor, le guiñarás el ojo a quien nos acompaña y dirás: “No se le puede decir nada. Ya se está enfadando”. Esta vez y para siempre la realidad querrá apalearme con silencios. Por eso me parece tan importante llenar tu habitación de palabras, abrazarte con ellas hasta que la ausencia se convierta en una ilusión y los vivos volvamos a ser vivos. En tu habitación todas las palabras dichas tienen sentido y hay cientos de miles de palabras por decir; son puras y blancas y solidas como paredes. Yo puedo tocar a la puerta cada vez que lo necesito y siempre escucho: “¿Qué pasó mi niña? Entra, no te quedes ahí afuera”.

 

 

De Judith Bosch para Antonio Pedro Pérez Pérez (3 de enero de 1951 – 1 de marzo de 2015)

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