Carta abierta al populista de derechas

Planta carnívora y gilipollas_Leandro Teulats
Lienzo de Leandro Teulats, titulado Planta carnívora y gilipollas

Estimado compañero o conocido,

Propuestas económicas y modelos económicos hay muchos. Discusiones sobre economía y política, todas las que quieras. Sobre todo, al margen de la postura de cada uno, es interesante descartar la posibilidad de que seamos los iluminados capaces de ver los desastres de ese mal, llamado bien común, que consiste en crear oportunidades para la mayoría. Es interesante revisar algunos conceptos y repensar aquello de En España somos todos unos vagos, como te líes a darle oportunidades a la gente, hundes el país. Sí, lo sé, no mencionas nunca la palabra oportunidades. Hablas siempre de paguitas, que es tu amable manera de designar a las becas y/o aportes económicos varios. Básicamente, es interesante que te formules esta pregunta: ¿Quién eres tú -ni nadie- para definir a cincuenta millones de personas y manifestar qué necesitan y qué no necesitan? En relación a lo cual, y perdona el inciso, cabría preguntarse ¿son buenos para el país esos cuatro, cinco, diez o veinte empresarios que explotan a sus trabajadores y además malvenden en el mercado? Lo digo porque trabajar para perseguir tus oportunidades, metas y sueños, es absolutamente legítimo. Es un derecho. Sin embargo, no querer trabajar, por una miseria y en condiciones de mierda, no es de vagos, ni de listos, es más bien un asunto básico de dignidad. Entonces, fortaleciendo los derechos sociales e intentando cubrir las necesidades básicas de las personas en la medida de lo posible, tenemos personas que no trabajan a cualquier precio, ni sometidas a cualquier condición, a riesgo de quedarse literalmente en la calle o pasar hambre; trabajan para sentirse realizadas y/o conseguir una vida próspera. La misma solución, además, elimina a los empresarios aprovechados que explotan, malvenden y joden a los otros empresarios, a sus trabajadores y a la sociedad en general, potenciando la idea de que todo es de usar y tirar y que la calidad, el amor por las cosas bien hechas, es un privilegio pasado de moda. Cada vez que dices en España la gente se acomoda. Si les pones un plato de comida y un techo, no trabajarán, estás insultando a millones de personas y estás haciendo populismo de derechas. Puede que no sea consciente, puede que repitas una narrativa asimilada a lo largo de los años, en tu casa, en la escuela, en las reuniones, en las tertulias de televisión… Ahora pegada a tus convicciones como el tuétano a los huesos. Consciente o no, haces daño igualmente, desmotivas y generas hastío en quienes te escuchan. Cada vez que dices a las grandes empresas hay que ponérselo más fácil porque si no se van del país, estás diciendo en realidad: la pequeña y mediana empresa no cuentan. Y posiblemente te equivoques, posiblemente, el ponérselo más fácil a las grandes empresas, acabe desencadenando el cierre de PYMES que no pueden competir, no por no tener calidad, ni mucho menos, sino por estar asfixiadas a impuestos, mientras que las grandes tienen mayores oportunidades de prosperar. Pero todo esto es discutible, con calma y partiendo de la base de que puedes acertar o equivocarte en tus planteamientos, todos podemos acertar o equivocarnos en nuestros planteamientos, a veces en parte, a veces del todo. Lo que no es sano, de verdad, es insultar sistemáticamente a nuestros conciudadanos, a favor del populismo de derechas que llevamos arrastrando desde antes de que Franco hiciese acto de presencia en este país. Todos esos mensajes que insultan a la mayoría de la población -equiparándola poco menos que a las ratas-, tratan de ladrones y de vagos a todos y confunden derechos con privilegios, son mensajes tóxicos. Desmotivan, hastían, cabrean. Personalmente, estoy cansada de leerlos y de escucharlos. Me dan asco y lástima. Como ciudadana, me parece un fracaso. Me parece un fracaso social el hecho de que haya tantas personas repitiendo esos mensajes. Me parece un fracaso social que tú los repitas, tener que escucharte y no poder llevarte la contraria porque entras en cólera y me llamas manipuladora y populista. ¿Yo, populista? ¿Y tú? ¿Te ha dado por revisar lo que dices? ¿Te has parado a encontrarle la lógica a lo que cuentas? Hay personas tan poderosas en el mundo que te asustaría saber la cantidad de elementos que controlan y dominan, sin embargo, la culpa de todos los males de este país, la tienen, por este orden: inmigrantes, gitanos, perroflautas, okupas y parados (porque no todos los parados son iguales, muchos, la mayoría, no quieren trabajar). Sueles acabar con esa frase lapidaria, frente a la que hay que hacer un acopio de paciencia sobrehumano: Tenéis odio a los ricos. Acompañada, sistemáticamente, por esta contundente explicación: Como no podéis ser ricos, queréis hundir a los ricos, en lugar de incentivar al pobre para que sea rico porque quien quiere, puede, porque yo conozco un amigo que empezó con dos duros y ahora es muy rico y otro que vino sin nada y ahora blabblabla, todo trabajando, claro, el sistema recompensa a quienes se lo curran blablablabla. No odio a los ricos. Nadie odia a los ricos. La ricofobia no existe, igual que no existe el hembrismo ni el racismo inverso. Existe un sistema que fomenta desigualdades y que muchas personas quieren cambiar. A mí, personalmente, me encantaría que cambiara. Y no quiero destruir la fortuna de nadie. Simplemente recapacito sobre las desigualdades y no es descabellado hacerlo. Es mucho más descabellada tu manera de justificar que el sistema funciona perfectamente. Esto es: hay millones de personas viviendo en el umbral de la pobreza, y muy por debajo, porque no se lo curran y la prueba está en los tres o cuatro casos excepcionales de personas que salieron de la nada y triunfaron. Eso no se sostiene por ningún lado, eso es populismo, populismo de derechas. Es como decir que el machismo no existe porque hay mujeres astronautas. Es negar una evidencia y, por si fuera poco, la niegas mancillando, culpabilizando a los pobres, menospreciando el valor y los valores de millones de personas. La ignorancia que ves en mí cada vez que hablo de derechos sociales es la misma que yo veo en ti cada vez que pronuncias la palabra buenismo, para insultar a los que creemos en el potencial humano y, a cambio, reivindicar un país en el que el sufrimiento sea el sello de identidad de todos los que no hayan nacido con una cuchara de plata en la boca.

Bueno… me estoy alargando. Todo esto es para recordarte que 173 economistas de universidades españolas e internacionales han suscrito un manifiesto que reclama el fin de las políticas de austeridad en España y en Europa, y pide el voto para la candidatura de izquierdas de este país (los perroflautas bolivarianos bolcheviques comunistas que viven en tribus satánicas). Sí, en efecto, habrá otros tantos que digan lo contrario. Por eso, se discute con cabeza. Propuestas y modelos económicos hay muchos. Todo es discutible, siempre y cuando el rencor injustificado hacia la mayoría no se coloque por delante. Y, ¿sabes qué? Quien, además de economía, entienda de modelos de aprendizaje y motivación, podría decirte, tal vez, que no es tan rara la idea de crear prosperidad a partir del fortalecimiento de derechos, que motivar a la gente es una ganancia a largo plazo, que convertir recursos básicos en privilegios genera pobreza (en todos los sentidos), que el insulto hacia la gente y el látigo en mano desmoronan alicientes y oportunidades, que tus palabras, a lo mejor no te das cuenta o tal vez sí, desmotivan, hastían, asquean, fastidian el orgullo de nación de las personas a quienes te diriges. Todo es discutible, sin insultar a nadie, sin enrojecerte de rabia hablando de populismo cuando tú mismo lo practicas, cada día, populismo de derechas. Tal vez -y no te des cuenta-, sea el tuyo, el populismo más devastador e hiriente. Cada vez que me cruzo contigo en las redes sociales, en el periódico, en la radio, en la calle, en el estanco, en el bar… me jodes el día. ¿Por estar en desacuerdo conmigo? ¿Porque pensamos diferente? No. Me jodes el día porque despides toxicidad por cada poro de la piel. Me jodes el día porque veo resignación y rencor en tus ojos. Me jodes el día porque siento que intentas quitarme las ganas de luchar. Y no quisiera, jamás, nunca, parecerme a ti.

Judith Bosch, 2016.

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Un comentario en “Carta abierta al populista de derechas

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