ROJA NAVIDAD

La Navidad acecha por todas las esquinas y amenaza con enterrarnos bajo villancicos, turrones y tarjetas sin saldo. Así que hemos querido rendirle su merecido homenaje.

Nos hemos reunido Esther Recio, Israel Alonso, Magnus Dagon y servidora. Les hemos pedido cinco o tres palabritas a nuestras amorosas amistades y ¡este es el resultado!

Empieza Magnus, que es nuevo en las fiestas de esta casa 🙂

Magnus Dagon_Microrrelatos Navidad

Recordamos rápidamente el juego: cada amigo da un grupo de cinco o tres palabras y Magnus debe hacer un microrrelato con cada grupo de palabras, sin alterarlas en absoluto (nada de cambiar al plural, cambiar de género o declinar).

Estos son los grupos que le han tocado:

Nakatomi, pavo, turrón, vino y cuñado. Donadas altruistamente y con amor por Santiago Ruíz Mesa.

Gusano, sierra mecánica y bola de navidad. Donadas por Esther González González.

Logofilia, ceibo, arrebol, mangata, inconmensurable. Con toda la generosidad y bondad que caracterizan a mi prima Irene Álvarez Bosch.

Chiringuito, arrecife, plumoso, psicrofobia, cromático. Donadas por Jorge Soto Martín, que casi no llega a tiempo, pero las colamos XD XDDD

He leído algunos microrrelatos de Magnus, que me han parecido brillantes, pero no sabía cómo se las arreglaría en el juego. He de decir que me ha sorprendido y me encanta el enfoque que le ha dado al reto. He elegido esta versión de Norman Rockwell para ilustrar esa combinación poética de muerte y ternura familiar con la que Magnus ha cocinado sus grupos de palabras.

¡Voilá!

normal-rottwell

Ilustración: Norman Rottwell
Microrrelatos de Magnus Dagon.

TODOS TENEMOS UNO

—Te digo que es el edificio de la primera película.

—Que no, es el de la segunda.

Os pongo en situación. Comida de Navidad. Reunión familiar que todos adoramos tanto como una colonia de almorranas en el trasero. Críos correteando y chillando como pollos decapitados. Y cierta persona al lado mío discutiendo por la estupidez más pasmosa imaginable: si el Nakatomi Plaza aparece en la primera o segunda entrega de La Jungla de Cristal.

—Que es de la segunda, hazme caso que sé de esto.

No sé ni me importa una mierda en qué película sale, pero me debí encabronar como Bruce Willis descalzo porque sólo recuerdo apartar el pavo cual bomba de relojería y agarrar el turrón para administrárselo a mi dialéctico contrincante por vía anal.

Se puede decir que perdí los estribos. Eso dijo la poli al apartarme entre tres agentes, o mi mujer cuando, achispada de vino, me pidió el divorcio. Pero joder, qué a gusto me quedé. Y seguro que hasta me envidiáis.

Puto cuñado.

FELIZ NAVIDAD

Aquella celebración con los amigos iba a ser memorable, como pocas anteriores que hubiera vivido.

No sabía cuánta razón tenía.

Dicen que durante el solsticio de invierno los demonios dan una tregua a los vivos. No fue el caso de aquella cabaña abandonada. No recuerdo quién sugirió visitarla (¿Cheryl? ¿Linda?), pero mientras la adornábamos con espumillón y el obligado árbol, deslucido pero con alguna bola de Navidad, lo encontramos: el libro.

Luego todo pasó muy deprisa. Mis colegas acabaron muertos o peor, y yo salí de allí arrastrándome como un gusano medio mutilado. Encontré una sierra mecánica y, no me preguntéis por qué, pensé que calzármela como brazo era buena idea.

Luego Él me encontró y dijo que eso ya lo habíamos vivido antes. Que el libro era el Necro-algo, y justo antes de lanzárseme encima, y que lo decapitara in extremis, soltó una última frase lapidaria:

Feliz Navidad, Ash.

PALABROS

Al principio no supe a qué se debía que ella considerara nuestra relación desapasionada, pero no tardé en averiguarlo. Se debía a los endemoniados libros que le encantaba leer.

—Qué bonita mangata la que rutila ante nuestros pies —dijo una noche en el río, a la luz de la luna. Yo pensaba que le había dado una pájara en la boca, porque entendía una de cada dos frases que soltaba.

Su pasión por la lectura, su logofilia, como ella la llamaba —otro palabro de esos rarunos— fue más de lo que pude soportar. Me cansé de la belleza del komorebi producido por el ceibo, o de la alóctona albocracia de Estados Unidos. La primera vez que empleé un palabro fue para insultarla: “¡Afásica!”, la llamé.

Pronto no tuve más remedio que matarla, a medida me notaba circunspecto en vez de triste u oneroso en lugar de molesto, pero poco a poco me fui curando. Eso sí, para que se fuera con una sonrisa le dediqué una última retahíla de despedida:

—¿No te parece inconmensurable el arrebol de tu humor por el suelo de la lóbrega escalinata? —le comenté al pie del segundo piso, con el cuchillo ensangrentado en la mano.

FRÍO

Toda la vida me dijeron que era raro por tener miedo al agua y al frío. Hidrofobia y psicrofobia, creo que se llaman. Qué más da. Yo siempre me supe más inteligente que los demás y que mi miedo no era en absoluto infundado.

Aun así, no hicieron más que insistirme en lo erróneo de mi parecer. Me dijeron que se debía a que hacía mucho que no viajaba, que me limitaba a malcomer en el chiringuito de la playa cuando debería salir a conocer mundo. Me señalaban el arrecife costero y su hermoso tono cromático. Yo no hacía más que recelar.

Luego llegó la inundación. Y ya nadie se atrevió a cuestionarme.

Por todas partes veía a mis amigos morir. Rotos, quebrados, ateridos de frío y mojados. Se lo advertí, les dije aún plumoso. Pero no me hicieron caso.

Pobres gorriones despreocupados.

¿Qué te han parecido? Pues no apartes la vista de la pantalla, que seguimos 😉

Es el turno de Esther Recio, una de mis autoras más admiradas. Aprovecho para hacer publi y recomendarte su novela Invierno en Brasil, que es una delicia para las emociones y los sentidos.

Estas son las palabras que le tocaron:

Acelgas, barbitúrico, espejo, medias, paraguas. Donadas por Gabriella Mariani Marini.

Nigeria, turrón, amazona, de parte de Rafa Gil.

Horripilante, generoso y sublime, de parte de Esther de la Cruz.

Gerberas, champán, picante, abeto, camisón.  Elegidas por el buen ojo de Noelia Ozores Reboiras.

esther-recio_micros-navidad

Pues las amasó bien, las colocó en recipientes y dijo: “¿Oye, por qué no sacar un menú completo en vez de platos separados?”.

Y aquí va esta serie de micros que puedes leer por separado o como capítulos de una historia con final feliz 😉

ilustracion_marcomelgrati

Ilustración de Marco Melgrati.
Microrrelatos de Esther recio.

CENA LIGERA

─Las acelgas me gustan a medias, se me pone cara de paraguas, ya lo sabes, y no pienso comerlas en Nochebuena mientras tú te tomas tu mejunje barbitúrico y atraviesas el espejo con la aorta. Otra vez no. Otro año no. Estoy harto de llevarte a urgencias, Nicole. Y guarda ya el cuchillo.

DULCE DESPEDIDA

Nicole hoy está preciosa, como una selvática, oscura y peligrosa estampa de su Nigeria natal. Por última vez respira el pulso de Gennaro,  amazona sobre su cuerpo casi exangüe.

─Perdona, amor mío, los cuchillos nuevos que trajiste para partir limpiamente el turrón sirven también para otras cosas.

CONTRASTES

─Ya dijo Eugenio Trías que lo horripilante tiene algo de sublime ─pronuncia solemne Nicole con una copa de vino generoso en la mano ─. Te lo advertí, Gennaro; si ponías bolas blancas en el árbol, me vería obligada a buscar algún líquido rojo para teñirlas. Ahí lo tienes: las bolas tan rojas y tú tan pálido ahora, tan muerto…

SILENCIOSO VILLANCICO

El camisón color champán de Nicole resulta un tanto picante para la foto familiar, pero nadie más posará esa Nochebuena ante el abeto. A las gerberas les sienta bien, por fín, el Escarlata y la tierra mullida a su alrededor.

─¿Te das cuenta, Gennaro? Nadie preguntará por ti esta Navidad.

¿Te han gustado? ¿Quieres más? ¡Pues sigue leyendo!

Es el turno de Israel Alonso, uno de mis amigos más queridos y veterano en esta casa. Aprovecho para hacer publi y recordarte que, aparte del blog de Isra, que también linkeo arriba, ahora tienes a este autor liderando un sello que puede interesarte muy mucho: Editorial Cerbero.

israel-alonso_microrrelatos-de-navidad

Si has leído otras colaboraciones de Israel en el blog, recordarás que inevitablemente, haga lo que haga (excepto cuando le da a la poesía) tira para el monte (CIFI) y en esta ocasión no iba a ser diferente.

Aquí tienes las palabras que metió en el horno para sacar CIFI.

Pobreza, fiesta, pérdidas, champán, paganos. Donadas por nuestra querida Florita Morgado Terrón.

Hadas, guerra, pasos, marido, aristocracia. Donadas por el autor Antonio J. Cuevas.

Lujuria, tenis, árbol, aerodinámico, empatía, de parte de Elsa Deniz Gonzalez, con amor.

Tácito, prurito y ornitorrinco, donadas con precisa generosidad por Isabel Escobar.

Sí, ya, a priori no parece nada sencillo XD XDDDDD Ya verás lo que hace 😉

He elegido para los microrrelatos de Isra, la ilustracion de portada que Galaxy Science Fiction Magazine sacó en las Navidades de 1954

ilustracion-de-portada-de-galaxy-science-fiction-magazine-1954

Ilustración: Galaxy Science Fiction Magazine.
Microrrelatos de Israel Alonso.

BRINDIS

Los paganos de Hydra-6 llevaban siglos sin aportar más que pérdidas al Imperio. Todos los intentos del emperador por imbuirlos del Santo Espíritu de Dios Uno habían acabado en fracaso. Si intentaba exportar a sus tierras bárbaras la fiesta de Todos-Los-Santos-Espaciales, adoptaban el Carnavalloween, entre chanzas y comas etílicos. Su pobreza de espíritu no tenía límites. Eran unos cabronazos borrachos.

Por eso, el discurso navideño de aquel año había sido totalmente distinto al habitual. Había prometido cien naves-cisterna llenas de champán, para brindar con todos los hydrasextos por el Dios Uno y sus dioses paganos. Un acto de concordia que los habitantes de Hydra-6 aceptaron con alegría. Alcohol gratis. Como para no alegrarse.

Algunas de sus cabezas, separadas de sus cuerpos por la presión de las mangueras que arrasaron el planeta con el burbujeante licor, aún sonreían cuando hizo sonar, a todo volumen, el «pero mira cómo beben».

—Chinchín.

NOCHE DE PAZ

En casa siempre nos había importado una mierda lo que sucediera en el resto del país de las hadas. La guerra era algo que ocurría a otras criaturas feéricas. Como miembros de la aristocracia habíamos dado todos los pasos necesarios para no tener que sufrir con nimiedades. Por eso me sorprendí tanto cuando el gnomo entró gritando en el salón, interrumpiendo nuestra sobremesa de nochebuena, armado con el trabuco de los domingos del abuelo Chupapinos:

—¡Es el fin!

—Eso es dentro de siete días —aseveró mi marido, imperturbable.

—¡Se acabó vuestro reinado! ¡El poder pal pueblo!

—Querida, haz sonar a campanilla, que venga el servicio y se lleven a este idiota a adornar el jardín.

—Oh —dije, como toda respuesta cuando el disparo le abrió un agujero donde antes estaba su rubicunda cara—. Parece que ha quedado una vacante en la cena, apuesto hombrecillo. ¿Un polvorón?

TIERRA-9

Pasar la nochevieja en Tierra-9 es un aburrimiento, como todo lo demás. Ser una mente colmena está bien al principio, cuando experimentas con la lujuria, por ejemplo. Novecientos millones de cuerpos teniendo un orgasmo a la vez es algo digno de ver. Pero luego piensa en el día a día. Yo qué sé, ver un partido de tenis donde los dos jugadores, el árbitro, el recogepelotas y el público son, en teoría, la misma persona. O que vaya un jardinero a talar un ficus, que ese día tengamos el día tonto y, no sé, un millón de personas se equivoque y corte por la mitad al que tenga al lado al grito de «árbol va».

Lo de la Navidad es algo que trajimos de Tierra-1 en nuestro aerodinámico cerebro-nave-colmena. Una chorrada aplicada a nuestro mundo, donde no necesitamos cantar villancicos para saber lo que es la empatía.

Algo bueno sí que tiene, sí. Tierra-6 es el único lugar del multiverso donde todo el mundo se come las doce uvas a la vez, sin equivocaciones. Bueno, o eso o todo el planeta se come la mitad en los cuartos.

CONCORDIA

El acuerdo tácito de sustituir el pavo por ornitorrinco al horno no había resultado ser tan buena idea. Que sí, que al principio sonaba muy bien y todo el mundo se rió mucho en la Estación Interespacial. Que vale, que los surtanianos estaban conformes porque en su tierra comían pato en las fiestas y aquello se le parecía; que a los ascodenses les recordaba a su julipán de fiestas; que a los humanos les daba igual, porque se las traía al pairo la tradición navideña y aquello sabía a pollo. Todos contentos.

El prurito incesante que se estaba extendiendo por todos sus cuerpos demostraba lo fatídico de la decisión.

—¿En serio esta mierda, además, para colmo, es venenosa? —dijo el teniente Chump.

—Dios no nos ama —dijo Panch, retorciéndose.

—Ni el Gran Mahe —dijo un ascodense.

—Que alguien me pase el licor de ortigas, que me arde la garganta.

¡Ya casi estamos! ¡Solo quedan los míos! Y mi foto navideña, que dedico especialmente al Tito Ath y a José Luis.

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Me tocaron estas palabras amorosas:

Badila (o badil), estantigua, ros, almáciga y tribulete. José Luis Vivas.

Abadengo, dolobre, increscente, nuégado, sistro. Athman M Charles.

Reno, hacha, hija. Oscar Suañez Pinto.

Un inciso, antes de continuar.

Meme Oscar

Hice lo que pude y creo que más o menos escapé viva.

Aquí lo tienes:

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Ilustración: Andrew Dickman.
Microrrelatos: Judith Bosch.

PIROTECNIA

Acogieron al tribulete, pese a los prejuicios de la abuela, que no paraba de mascullar: «Este es capaz de salir a buscar una estantigua de militares muertos y traerlos aquí, solo por ganar un World Press Photo con nuestras caras de susto». Le dieron ropa seca y un sitio en esa mesa desvencijada, restaurada con almáciga, que no tenían ganas ni tiempo de adornar, ni para aquella cena ni para las siguientes.

Antes de que todos se tumbaran sobre sus colchones húmedos, John se acercó a la chimenea y llamó a los niños. «Vamos a limpiar esto, que si no Papa Noel se pondrá perdido». Los niños sonreían. Justo al acabar de recoger la lumbre y guardar el badil oyó un ruido, antes de divagar acerca de su procedencia, vio aquel ros, que acababa de caer chimenea abajo, rebotar y colocarse en mitad del salón ante la mirada de pánico de toda la familia. La abuela agarró su rifle «Os lo dije», murmuró. No tuvo tiempo de volarle los sesos a John. Después de la gorra, cayeron y rodaron tres granadas de mano.

CARNE Y PECADO

El señorito estudiaba Biología y cada vez que leía las palabras “increscente” e “hígado” en un mismo párrafo, se veía a sí mismo preparando la cena de Navidad con los órganos de su hermano pequeño. «Delicioso», decían al unísono mamá, papá, el tío, la tía, los primos y la abuela, después de saborear el tierno y jugoso alimento. De postre comían nuégado, luego hacían sonar una pandereta, unas castañuelas, un timple y un sistro y entonaban villancicos. En el sueño nadie preguntaba nunca por su hermano. Pero los sueños, sueños son. Por eso, el día que decidió hacerlo, tuvo que cargárselos a todos con el dolobre, esconder las cabezas,  mandar los cuerpos descuartizados de menos valor culinario al abadengo vecino y colarlos como cerdo de primera.

ROJA NAVIDAD

La señora Karlsson esperó al viejo a la entrada del pueblo, hacha en mano. Tenía que sorprenderlo antes de que empezara a colarse por las chimeneas de los ricos, y así hizo: lo decapitó, enterró el cadáver en la nieve, descuartizó un reno y al resto lo ató en un lugar del bosque que solo ella conocía. Preparó la carne con amor y despertó a su hija a primera hora para que pudiera disfrutar del único regalo que había pedido: comer.

Y con esto y unos polvorones nos despedimos hasta el año que viene. Felices Navidades, que tengas unas cenas agradables, una despedida de año gloriosa y una entrada de 2017 con resaca y sonrisa.

Un abrazo de Magnus, Esther, Isra y Judith.

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