Un café con Kim Pérez: hablamos de Sexo, Sexualidad y Género.


Kim Pérez

Kim Joaquina Pérez Fernández-Fígares nace en Granada, en 1941.
Se licencia en Historia con Grado en 1968.
Es socialmente Profesor Encargado de Curso de la Universidad de Granada desde 1968 hasta 1970. Y desde 1976 hasta 2006, es primero Profesor y durante trece años Profesora de Ética y Filosofía en FP, ESO y Bachillerato.
En 1995 se somete a la operación de reasignación de sexo y desde 1993 es activista en la lucha por los derechos de las mujeres transexuales.
Con Merche Camacho, consigue el reconocimiento del colectivo como mujeres por el Centro de la Mujer de Granada, 1993.
Participa en las Jornadas Feministas Estatales, Madrid, 1993, y en las de Córdoba, 2000, expone su ponencia “¿Mujer o Trans?”. En las de Granada, en 2009, presenta la temática de Conjuntos Difusos.
Con Rosa Pazos, el colectivo pide una declaración del Defensor del Pueblo Andaluz, 1998.
Con Carmen Molina, la Proposición No de Ley del Parlamento Andaluz, en favor de los derechos transexuales, primera en España, aprobada por mayoría, febrero de 1999.
Con Andrés de la Portilla, trabajan activamente con todos los grupos parlamentarios por la Proposición No de Ley del Congreso de los Diputados, aprobada por unanimidad, abril de 1999.
Con Carla Antonelli, Ley de Identidad de Género, 2007.
Kim participa en la Ley de Identidad de Género de Andalucía, 2014. Y es Cofundadora y Presidenta de la Academia de Identidades de Género.
Participa como coautora en las publicaciones colectivas “Ser transexual”, “El género desordenado”, “Transexualidad, transgeneridad y feminismo”, “Transexualidad, adolescencias y educación”, “Coeducación”, “Universo trans”.
Es autora de los ensayos “Hipoandrogenia”; “TSX-F”, y “Teoría de Conjuntos Difusos de Sexogénero”, es tratada ampliamente en la tesis doctoral de Stef Barozzi, y ”Pérez o Farfanes en Loja”, sobre su familia judía secreta, 1492-1874, y autora de numerosas piezas inéditas en verso.
Galardonada con el Premio Granada Entiende, de Nos, 2000; Premio Hegoak, 2006; Mención Especial a la Militancia, Cogam, 2006; Premio Pluma, FELGT, 2010, de la FELGT; una de los “Cien líderes de Granada del siglo XXI”, 2011; y el Premio Adriano Antinoo, en la actualidad continúa estrechamente unida al activismo, especialmente preocupada y ocupada en ayudar a resolver los nuevos retos sociales que presenta la comprensión de las identidades, realidades y limitaciones de la sociedad patriarcal del SXXI.

Necesitaba encontrarme con ella, hablar con ella, mirarla a los ojos y sentirme en casa. Sentir en ella a una compañera en la que confiar y de la que aprender.

Llevo unos meses bastante revuelta por dentro, tratando de digerir realidades que no conocía hasta ahora y que me han generado mucha confusión y mucha rabia.

Me da rabia que se hable tanto de feminismo inclusivo. ¿Inclusivo por qué y con respecto a qué? ¿A quién tenemos que incluir en el movimiento de liberación de la mujer? Resulta que la lucha radical para que la socialización no nos convierta en la víctima perfecta no basta, ¿no es suficientemente clara? Aquí a veces creo que existe un problema de base, cuyo origen se remonta a las terminologías que empleamos. Hembra es aquel ser humano nacido con aparatos reproductores que potencialmente la capacitan para gestar críos. Mujer es el ser humano hembra que modela el patriarcado para confiscar esta capacidad y además añadirle otras imposiciones: sumisión, servicios domésticos, cuidados, delicadeza, imposturas pensadas para complacer al hombre (depilación, pies pequeños, cintura estrecha, pestañas gigantescas, tacones, ropajes de un estilo o de otro y un largo etcétera que va cambiando según cambian las preferencias del hombre en cada momento o según se tergiverse y denigre el significado de las modas que creamos nosotras, como ocurrió en el caso de la minifalda). Cuando hablamos de la liberación de la mujer, realmente estamos hablando de la liberación de la hembra. Hablamos de la necesidad de romper el género femenino y de deconstruir por completo el concepto mujer. Queremos liberarnos de los roles que ¿nos tocan por naturaleza? Y un cuerno, es el género impuesto el que determina, a través de la socialización femenina y las presiones e imposiciones sociales, que nos alejemos de las ciencias, nos sintamos profundamente mal si no queremos tener hijos, interrumpamos lo que estemos haciendo en cualquier momento para satisfacer a cualquier otra persona y perdamos un arsenal de horas semanales en peinarnos, ponernos cremas, maquillarnos, depilarnos, cuidarnos las uñas… ¿Es esto ser mujer? Pues mira, sí. Esa es la mujer que ha diseñado el sistema patriarcal. Por eso, no es raro que las compañeras transexuales acaben abrazándose a todas esas imposiciones para reconocerse como mujeres. Hablo ahora de lo que para mí significaba la realidad de las mujeres transexuales: la contradicción interna que sufrían personas nacidas macho y conectadas mentalmente con unos genitales de hembra y una sexualidad de hembra. ¿Qué era una sexualidad de hembra para mí? Aquella que una experimenta a través de los genitales de hembra y la manera en la que se establecen relaciones sexuales con otros seres humanos hembras o machos. ¿Dónde quedan aquí la heterosexualidad, homosexualidad, bisexualidad? En el lugar en el que deberían estar todas las etiquetas: en la puñetera basura. ¿Qué ocurre? Que la socialización también revienta nuestra libertad para vivir la sexualidad de manera libre y personal. Si naces hembra, en la sociedad patriarcal global, has de consagrarte a complacer sexualmente a los machos, todo lo demás es perverso y/o antinatural y a eso se le llamó durante siglos sexualidad femenina. Naces hembra y el patriarcado te convierte en una mujer lista para ser usada por los hombres. Los hombres se apropiarán de tu cuerpo previamente modelado y te convertirás en madre o en puta; en una dama delicada o en una mujerzuela; en aquella que insinúa para conquistar despacio o en aquella que muestra para ser cazada deprisa como un ciervo perseguido por lobos ¡Y te culparán por ello! Y serás minusvalorada y juzgada, hagas lo que hagas; se te pondrá en evidencia por taparte, por descubrirte, por maquillarte, por salir con la cara lavada, por engordar, por envejecer, por negarte a pasar horas de tortura o no avergonzarte de tu vello.

Aquí, en este punto, las compañeras transexuales llevan siglos sufriendo la misma opresión que las mujeres nacidas hembras. Además, han de confrontar la marginación que se cierne sobre ellas por nadar contra corriente y haber elegido ser reas y no verdugos. Como si una pudiera elegir, como si el sexo genital con el que te identificas y la sexualidad fueran una cuestión de elecciones y no de tendencias y realidades innatas.

¿El hecho de ser acosadas porque la sociedad las lea como mujeres concierne a la lucha feminista? Por supuesto que sí. La deconstrucción del modelo patriarcal de mujer y la liberación de las hembras nos involucra a nativas y transexuales y de ahí han surgido siempre debates profundos sobre la necesidad de tomar consciencia y dejar de asociar las imposiciones y torturas masculinas a nuestro concepto de mujer. Todas nosotras somos responsables de crear un concepto nuestro, basado en una socialización igualitaria y la ausencia absoluta de presiones formales. A la mierda el maquillaje si no lo quieres, a la mierda los tacones, a la mierda la depilación. Y no me digas, jamás, que eres más femenina que yo por someterte a estas torturas. ¿Eres más femenina según la feminidad creada por los hombres? Sí. ¿Es ésta la feminidad que nos interesa a nosotras? No. ¿Entonces hablamos de feminismo cuando discutimos sobre feminidad y atribuimos al género cualidades naturales de las que carece? No; no hablamos de feminismo, nos revolcamos en la pocilga patriarcal.

Por otro lado, siguiendo con el hilo de las compañeras transexuales, ¿concierne al feminismo la lucha por eliminar prejuicios sociales sobre las expresiones de individualidad y sexualidad no normativas? No. Y no es no. La liberación de la hembra y la ruptura del género femenino incluye todos los aspectos que atañen a este hecho: las obligaciones, presiones, humillaciones estructurales profundas a la que se nos somete, hayamos nacido hembras o seamos transexuales. Por eso, la transfobia, que es un grave problema muy concreto, no debe ser asunto del feminismo y está bien que no lo sea y que exista un movimiento llamado LGTBi en el que las compañeras transexuales participan como grupo anexo y, con todas las personas que luchan por los derechos de las expresiones individuales y la sexualidad no normativa, presionen para que la sociedad cambie y ser transexual no implique marginación y violencia extrema, de la misma manera que no implique marginación ni violencia ser homosexual o bisexual. ¿Estos son asuntos concernientes al feminismo y a la liberación de las hembras? Mira, no, y no pasa nada porque no lo sean. Luchamos para no ser las eternas cuidadoras de todo el mundo y en esta misma lucha otros movimientos con los que podemos compartir algunos objetivos y enemigos: LGTBi, Movimiento Animalista, Movimiento Ecologista… se empeñan en llamarnos malas feministas si no nos adherimos a ellos o los consideramos parte de nuestra causa. Basta ya. Hasta el coño estamos de no poder siquiera llevar de manera autónoma e independiente nuestro propio movimiento.

A todo ello se une el choque frontal que se produce entre el feminismo radical y el transfeminismo que, basado en interpretaciones de la teoría Queer, considera la identidad de género como algo innato. Así, tranquilamente y sin despeinarse, tira al suelo todos los postulados feministas que reivindicaban y reivindican la abolición del género. ¿Cómo podríamos abolir algo innato? En este punto recuerdo un comentario que nos dedicó hace poco un individuo a unas compañeras que apoyábamos el tetazo de las feministas argentinas: Sos mujer. Naciste sometida, vivirás sometida y morirás sometida. La alegría que se llevará cuando lea por algún sitio que sí, que tiene razón, que la identidad de género es innata; no la manipulación patriarcal en la que se sustenta esa frase nacida en la Edad de Hierro.

Si quieres profundizar más sobre este choque frontal y toda la polémica y daños que está generando en el movimiento feminista radical, te aconsejo encarecidamente que leas el artículo Feminismo radical VS Transfeminismo publicado por la Plataforma Anti Patriarcado a raíz del cierre de su página de Facebook por denuncias masivas de transfobia completamente injustificadas.

Por mi parte, concluyo esta larga introducción y paso a trasladar los interesantes puntos en común que he desarrollado con Kim Pérez a lo largo de nuestra charla:

  1. Un poco de historia. ¿De dónde venimos?

    Kim Pérez comenta: «Más que de matriarcado y patriarcado, yo hablaría de matrilinealidad y patrilinealidad. La sociedad del Neolítico, cuando las mujeres crean la agricultura, es matrilineal: la línea de descendencia, que es segura, la marca la madre. Se sabe que los hijos son de su madre y la madre, que está emancipada del varón, elige cómo criarlos y educarlos. En la sociedad de la Edad de Hierro, de los nómadas herederos de los cazadores, que son dueños de ganados, y edifican su sociedad sobre este modelo, empieza a desarrollarse la patrilinealidad, para gestar la línea de descendencia que es insegura, la del padre. Para asegurarse el control de los hijos, los hombres tienen que asegurarse el de las madres; los hombres se apropian de las mujeres y de sus cuerpos, que entienden como vasijas para gestar su simiente». Otras fuentes convergentes, suman a esta visión la aparición de los conceptos adulterio (vientre adulterado), primogénitos (hijos del padre) y vástagos (hijos no reconocidos por el padre). Aquí el valor de la mujer como individuo emancipado desaparece y en lo sucesivo se desarrollan numerosas herramientas sociales que consolidan la creencia de que la mujer es una cosa a disposición del hombre. Añado y estamos de acuerdo: «Las construcciones de género son poderosas herramientas que colocan a los hombres en un estatus superior al de las mujeres y este estatus se lee y se palpa en todos los ámbitos a través de la normalización de roles, conductas y aspectos claramente diferenciados. Las mujeres son educadas desde la infancia para servir, complacer, agradar, ser sumisas y ser elegidas por un varón que las dignifique. Los hombres son educados para tener metas propias, generar valor social con inventos y creaciones propias y elegir a una mujer que perpetúe sus genes (esta mujer le proporcionará al hombre cuidados y apoyo en el desarrollo de sus objetivos individuales y también le proporcionará hijos). Estas creencias y mecanismos sociales aberrantes se han perpetuado a lo largo de los siglos. El movimiento feminista lleva 300 años en vigor ininterrumpido y reconocido históricamente, pero apenas ha conseguido algunos logros que, comparados con la esclavitud de la que procedemos, se consideran mucho más importantes de lo que realmente son. De manera que, hoy en día, las mujeres seguimos siendo mutiladas, agredidas brutalmente y asesinadas en muchos países, por el solo hecho de nacer mujeres. En la sociedad occidental, por el solo hecho de nacer mujeres, seguimos siendo mercancías de la industria del sexo y el alquiler de vientres. Seguimos siendo consideradas mano de obra de trabajo doméstico y cuidados, propiedades de nuestras parejas que nos recluyen o nos matan. Seguimos siendo invisibles en el campo de las ciencias y los deportes, y nuestra presencia en política y dirección de empresas es insultantemente minoritaria. ¿Por qué? Pues porque, entre otros asuntos, la educación infantil igualitaria y la socialización igualitaria avanzan a pasos muy cortitos y esa es una realidad que debemos asumir, afrontar y cambiar. Actualmente, siguen existiendo hombres sociales y mujeres sociales. Seguimos creyendo que la lectura social de nuestros cuerpos no es impuesta sino natural y, en este contexto, confundir el género (constructo social completamente adquirido e impuesto) con el sexo (biológico, azaroso e innato), no nos hace progresar sino retroceder».

  2. ¿Por qué confundimos el género con el sexo y qué consecuencias tiene?

    Kim me comenta: «El ser humano es tridimensional, tiene un sexo con el que nace; una sexualidad, que es la conducta derivada del sexo, referida al cortejo, el emparejamiento y la crianza, compartida con los animales y que se desarrolla a medida que conoce y reconoce su sexo y establece relaciones sexuales con otros seres humanos; y un género, que es social y adquirido y atañe a la conducta social, actualmente aún diferenciada por sexos, masculina y femenina». De otras fuentes convergentes se puede colegir que, en un contexto en el que prevalece el individualismo y se nos trata de inculcar que somos capaces de crearnos a nosotras y nosotros mismos, es relativamente sencillo caer en pensamientos que se alejan de las ciencias y los razonamientos humanísticos y abrazan filosofías postmodernas más dadas a encontrar respuestas que a analizar realidades y formular preguntas. Añado y estamos de acuerdo: «El hecho de que no podamos mantener esa normalización guiada que nos separa en mujeres sociales y hombres sociales y que existan tantas personas reivindicando identidades no normativas, quiere decir que esta separación, per sé, es aberrante. No quiere decir que exista un menú de géneros que no estemos teniendo en cuenta, sino que la propia construcción del género es antinatural y dañina. ¿Cómo seríamos si no se nos educara y programara para ser hombres o mujeres sociales? Seríamos el reflejo de nuestra esencia personal, nuestro carácter y nuestras elecciones, que se integrarían y retroalimentarían en el marco de una sociedad no sexuada. Esto es, poniendo ejemplos simples y superfluos: un hombre podría llevar vestidos, tacones y fumar pitillos rosa sin dejar de considerarse hombre ni tener ningún tipo de crisis de identidad, así como una mujer podría llevar vaqueros anchos, camisas a cuadros y el tatuaje amor de madre en sus biceps de gimnasio sin dejar de considerarse mujer ni tener ningún tipo de crisis de identidad.
    Las consecuencias de considerar el género como algo innato y confundirlo con el sexo llevan consigo el desarrollo y aceptación de identidades no normativas que no tienen lugar de ser, ya que lo natural es que no exista ningún tipo de identidad normativa. Lo natural es librarnos de etiquetas y ser quienes somos sin limitaciones sexistas ni más constructos de género que reajusten el sistema patriarcal en lugar de romperlo.
    Lo peor de todo, es que estamos educando a la infancia en tratar de encajar dentro de ese menú de etiquetas y esto tiene consecuencias fatales a largo plazo. Estamos diciendo que hay conductas femeninas y masculinas, recogidas en un menú de géneros. Todo por no tener valor de decir: la socialización por sexos es aberrante, quitémonos esto de encima, seamos nosotras y nosotros mismos. Parece como si no tuviéramos valor ni consciencia para ir a la raíz del problema; parece salirnos más rentable decir, en lugar, que el sexo es también una construcción social y es el género lo que prevalece y marca la identidad de las personas. Si el sexo es una construcción social y el género es lo que se toma como referencia para el desarrollo identitario de las personas, ¿qué es entonces una mujer? ¿Ya no es la hembra a la que la sociedad patriarcal ha metido dentro de una construcción de género que la oprime y la limita? ¿Entonces qué es?
    La lucha feminista pierde su valor y su sentido en esta nueva dimensión en la que nacer hembra parece no tener la mayor relevancia. Y por supuesto que nacer hembra es determinante. Nacer hembra significa violencia, mutilación, explotación sexual, rituales de desfloramiento, negación a la formación lectiva, limitaciones para acceder a multitud de ámbitos profesionales y un largo etcétera que no se soluciona diciendo Eres retrógrada, ser mujer no tiene nada que ver con eso, ni naces mujer; naces y luego elijes que quieres ser. No, perdona, no sé cómo funciona en Matrix; en la Tierra, naces hembra y por nacer hembra la sociedad te mete en una cajita que se llama género y te convierte en mujer. A eso se refería Beauvoir cuando decía La mujer no nace, se hace. La frase completa de Beauvoir es: La mujer no nace, se hace. Ningún destino biológico, físico o económico define la figura que reviste en el seno de la sociedad la hembra humana; la civilización es quien elabora ese producto intermedio entre el macho y el castrado al que se califica como femenino. Esto sigue siendo así, es la base de la sociedad patriarcal en la que vivimos, y esto hay que deconstruirlo y no vamos a cambiar nada si nuestro punto de partida es negar la realidad».

    3. ¿Qué importancia tiene la sexualidad en este contexto y por qué debemos sumar fuerzas para que la educación infantil incluya el conocimiento y reconocimiento de la sexualidad?

    Hay una fotografía que se viralizó hace poco en Facebook, en la que aparece una persona vestida con los colores de la lucha LGTBi y lleva un cartel que dice: «¿Es niña o niño? No sé, todavía no habla». Esta fotografía sublima el pensamiento postmoderno hasta límites que sobrepasan el absurdo. Ese ser humano al que hace referencia la fotografía, que puede ser cualquier ser humano que nazca en estos momentos, nacerá hembra o macho y esto es un hecho, no es filosofía y, si seguimos invocando a los dioses de la identidad postmoderna y no cambiamos nada de nuestro entorno, ese ser humano, a lo largo de su infancia, no elegirá una mierda. Si tiene poca suerte y nace hembra en china, por ejemplo, puede que ni siquiera tenga oportunidad de vivir. Si tiene más suerte y nace en occidente, probablemente nazca en un entorno familiar que le perfore los lóbulos a los pocos días, por ser hembra y, según sea hembra o macho, la vistan de rosa o de azul, le pongan falda o pantalones, le den muñecas para jugar o puzzles, le animen a estudiar ciencias o secretariado, la eduquen para hacerle la cama a su hermano o para levantarse de la mesa y no tener otra obligación distinta a la de jugar mientras su hermana recoge los platos. Y estos rituales de normalización, que en el caso de nacer hembra serán rituales de sumisión/subordinación (feminidad), se prolongarán durante toda su trayectoria vital hasta que llegue un momento en el que esta persona crea que ha decidido su identidad y cada paso que ha dado en la vida.
    ¿Qué más puede ocurrir? Este ser humano, puede nacer niño y, conforme vaya explorando su sexo y su sexualidad, sentir una desconexión profunda entre sus genitales y su mente. Esto es anómalo. ¿Qué significa? ¿Significa que es malo? No, significa que no es óptimo ni deseable. ¿Por qué? Pues porque en tal caso, el niño, para sentirse pleno, tendrá opción de seguir un tratamiento hormonal y una operación genital y estos procesos no son deseables. Las hormonas no son Ceregumil Ginseng ni vitaminas. No; no son salud. Son necesarias para personas que nacen con un sexo con el que no se identifican y necesitan transitar para sentirse plenas. Así que el niño, cuando hable, si tiene la suerte de no haber sido condicionado por los rituales y programaciones de socialización antes mencionados (asunto que hoy día es quimera), te dirá: «No me siento bien explorando mis genitales, no forman parte de mí. Soy una niña». El sexo existe y forma parte de lo que somos, la sexualidad existe y a través de ella reconocemos nuestro sexo y nos relacionamos sexualmente con otras personas. Las personas tienen que contar con el derecho de sentirse bien con sus cuerpos y desarrollar una sexualidad sana acorde a lo que necesitan y experimentan a través de sus cuerpos. De la misma manera, tienen derecho a ser, sin que la sociedad tradicional ni ningún tipo de pensamiento postmoderno trate de encasillarlas desde que nacen.
    Recordamos, como referencia y representación de lo que ocurre cuando confundimos sexo y género, que actualmente existen hombres identificados y conectados con sus genitales masculinos, con una sexualidad plena a través de estos genitales, pero que se niegan a ser leídos como hombres tradicionales: reivindican su derecho a tener nombre de mujer y ser mujeres sociales (llevar vestidos, tacones, etc). Es relativamente sencillo, en un entorno que les niega su forma de entender la masculinidad, que directamente repudien lo masculino y se consideren mujeres. En lugar de reivindicar una nueva masculinidad exenta de tópicos y límites sociales, en la que ser hombre no signifique tener una conducta determinada ni elegir un aspecto determinado, reivindican que se les considere mujeres y que se les incluya en la lucha feminista. Y de esta realidad nos vamos a casos extremos como el que representa Danielle Muscato, que no solo considera que para ser mujer habiendo nacido hombre, no haga falta transitar ni someterse a ningún proceso de hormonación u operación, es que ni siquiera se molesta en afeitarse. Y con su barba, su traje de chaqueta y sus dos cojones, nos dice que es mujer y que la tenemos que considerar transfeminista porque además sufre la misma opresión que cualquier mujer trans.

Kim me comenta: «Vivimos tiempos difíciles y olvidar que actualmente, como concepto, siguen existiendo hombres sociales y mujeres sociales; esto es, personas que, por su aspecto y su conducta, son leídas como hombres o mujeres, o no son leídas, por problemas solo de imagen, nos dificulta la comprensión de lo que somos, las medidas que necesitamos tomar para liberarnos y, todo, nos lleva a confundir identidades y realidades individuales con luchas y realidades colectivas. La realidad de las mujeres transexuales es muy compleja, pero también concreta en cuanto a los parámetros que tomamos para entenderla: somos personas nacidas con una genitalidad masculina y con una mente que no conecta con la genitalidad masculina sino con la femenina. Este fenómeno puede entenderse como un aspecto más de la realidad intersexual y sí, efectivamente, para sentirnos plenas, necesitamos transitar y cambiar varios de nuestros aspectos biológicos. Mezclar este hecho con otro tipo de fenómenos que pone de manifiesto la influencia de los roles sociales en las necesidades identitarias, es decir, hechos de género, invisibiliza nuestra realidad, nuestra necesidad de transición de sexo, y confunde a las personas».

Y continúa con esta reflexión: «Las trans operadas o en transición hormonal han demostrado al máximo que no están en el lado de los hombres. No quieren tener una sexualidad corporal masculina y saben con orgullo que no pueden. Tienen vagina, aunque sea una neovagina, no echan de menos ninguna función corporal, porque es probable que ciertas experiencias o ciertos circuitos cerebrales ajusten bien con esta forma. Las mujeres de nacimiento pueden compartir con ellas una gran parte del camino, aunque otra parte del camino, la relativa a la lucha contra los prejuicios sociales, tiene que desarrollarse por separado.
En cuanto al sexo y la sexuación, es fundamental que se sepa que las mujeres y los hombres forman partes separadas dentro de un mismo continuo de androgenia, que debía ser llamada de sexogenia, por generar las formas del cuerpo, la acometividad y la libido. En efecto, las proporciones de la también llamada testosterona, que en las mujeres surge sin proceder de los testículos, son de cero nanogramos por mililitro de sangre a nueve con cinco en la mayoría de las mujeres; luego viene un hiato, y de treinta a ciento veinte en la mayoría de los hombres. Pero el hiato es importante porque en él se encuentra una minoría real de seres humanos que no corresponden a la mayoría de las mujeres ni de los hombres.
Como estas proporciones tienen que ver también con la muscularidad y ésta con el deporte, el Comité Olímpico Internacional ha decidido en 2016, ante la necesidad de integrar a estos seres humanos, poner la separación entre ambas categorías en 10 nanogramos/ mililitro, independientemente de que se sea hombre o mujer de nacimiento u hombre trans o mujer trans».
Con otras fuentes convergentes se puede añadir que las personas que se sienten identificadas con sus genitales masculinos y viven una sexualidad plena a través de su genitalidad masculina y su sexo, no necesitan escuchar que son mujeres; necesitan luchar por una masculinidad libre de roles sociales impuestos y esta lucha también es interesante y necesaria. Cuando escuchan que son mujeres y se aferran a la necesidad impuesta de ser consideradas mujeres, viven un desorden mucho mayor, al repudiar como innatos unos caracteres conductuales, asociados al concepto tradicional de masculinidad, que son puramente sociales y que pueden cambiarse.

Vivimos tiempos de confusión y compartir nos libera y nos centra. Esta charla se ha desarrollado desde el respeto y la admiración mutua, el diálogo como camino de análisis y formulación de interrogantes, la razón humana y la necesidad de conceptualizar algunos de los conflictos internos que vive actualmente la lucha feminista. Esta charla no parte de ningún sentimiento de rechazo ni de odio, y tratar de confundir debate con fobia es una burla a la inteligencia humana. Por favor, no sigamos por ese camino. Sigamos dialogando.

Espero hablar más de Kim en otras ocasiones. Quiero acabar este artículo con algunas frases suyas que me han resultado especialmente inspiradoras y reveladoras para estos momentos que vivimos:

«La liberación trans es una liberación feminista cuando es la liberación de lo femenino en cuerpos masculinos que dejan de serlo».

«La postura de una madre o padre ante un menor intersexual debe ser ir detrás, dejándole entrar en todas las puertas y salir de las que quiera, evitándole golpes y dejándole decidir su propio itinerario, que puede ser diferente del que la madre o el padre suponían».

«El ser humano necesita vivir en la verdad. Si bien buscar la verdad no implica encontrarla, renunciar a ella no nos hace mejores ni más abiertos; nos lleva irremediablemente hacia el absurdo y el sinsentido».

Anuncios

3 comentarios en “Un café con Kim Pérez: hablamos de Sexo, Sexualidad y Género.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s