«Feminismos» que nos hacen retroceder

Por motivos de trabajo, llevo varios meses recabando información que me conduce de manera insistente a los ODS (Objetivos de Desarrollo Sostenible). Estos objetivos son mejores que cualquier ansiolítico y leerlos me pone inmediatamente de buen humor. Aquí los tienes:

  1. Fin de la pobreza
  2. Hambre cero
  3. Salud y bienestar
  4. Educación de calidad
  5. Igualdad de género
  6. Agua limpia y saneamiento
  7. Energía asequible y no contaminante
  8. Trabajo decente y crecimiento económico
  9. Industria, innovación e infraestructura
  10. Reducción de las desigualdades
  11. Ciudades y comunidades sostenibles
  12. Producción y consumo responsables
  13. Acción por el clima
  14. Vida submarina
  15. Vida de ecosistemas terrestres
  16. Paz, justicia e instituciones sólidas
  17. Alianzas para lograr los objetivos

Sí, efectivamente, por más que repases la lista, no encontrarás: regular el alquiler de mujeres para que provean de sexo o hijos a otras personas ni considerar la situación de prostitución o el alquiler para gestación como derechos de las mujeres. Sí verás, en cambio, objetivos completamente contrarios a la existencia de estas realidades que llevan siglos instauradas en la estructura patriarcal.

Si repasas la lista, verás por ejemplo, Salud y bienestar, que resulta un tanto incompatible con que una industria creada para perpetuar relaciones de poder de los hombres sobre las mujeres te lleve, irremediablemente, a renunciar a tu deseo y confundir las relaciones sexuales (que son parte de tu salud física y afectiva) con el alquiler de tu cuerpo por horas, que no es el alquiler de tu fuerza de trabajo (no sigamos cayendo en esa falacia). Tampoco guarda coherencia alguna con Salud y bienestar el negocio que ofrece perpetuar el ADN de sus clientes y, para ello, te lleva a considerar el embarazo como profesión o, peor aún si cabe, ¡altruismo!

El punto número cinco es Igualdad de género, en nada compatible con que el 97% de la demanda de prostitución sea masculina, fruto de construcciones sociales dañinas que afectan a los hombres, claro, pero se ceban con las mujeres. Teniendo en cuenta esta realidad y sin entrar en debates sobre la dignidad humana y el capitalismo salvaje, ¿cómo regulamos el alquiler de mujeres para sexo y, al mismo tiempo, luchamos por la igualdad de género? ¿Animamos a las mujeres a que alquilen hombres hasta que la demanda sea un 50% y 50%? ¿Les inculcamos también a las niñas y adolescentes que los hombres son cosas que están al servicio de sus deseos sexuales?

El siguiente punto que vuelve a entrar en conflicto con el alquiler de mujeres es Trabajo decente y crecimiento económico. Cada vez las empresas son más exigentes con sus encuestas de clima laboral, planes de prevención, planes de formación, OSHAS… Y en este contexto de exigencia, la mal llamada industria del sexo nos quiere vender que regular la esclavitud (el alquiler de cuerpos, y no fuerza de trabajo, para la satisfacción de deseos) renombrándola como trabajo sexual, convierte a la esclavitud en trabajo. En cuanto leí este punto y lo relacioné con el alquiler de mujeres, recordé un artículo que hace la misma relación y es realmente entretenido de leer. Te lo dejo aquí: por qué el trabajo sexual no es trabajo.

Y acabo con el décimo objetivo, Reducción de las desigualdades, que evidencia la correlación entre prostitución y pobreza. Aquí, la mal llamada industria del sexo es especialmente hábil vendiendo las excepciones como generalidades. Y no, el testimonio de 10 mujeres que afirman nadar en la abundancia gracias a la situación de prostitución, por cada 10.000, en contraste, que apenas tienen para vivir (y por eso están en situación de prostitución), no implica que la prostitución y la pobreza no estén relacionadas, sino todo lo contrario. Tampoco es factible vender que la regularización de la esclavitud, renombrándola como trabajo sexual, vaya a mejorar la situación precaria de millones de mujeres en todo el mundo que son alquiladas por puteros a cambio de dos duros. ¿Qué me vas a decir?, ¿que restándole a estos dos duros impuestos y tasas del estado las mujeres explotadas estarían mejor? ¿Acaso establecerá la regularización precios mínimos de alquiler de mujeres por horas? Esto es, ¿la regularización toreará a las leyes del libre mercado? ¿Qué regularización es esa? Sobre regularización de la situación de prostitución y panaceas, te dejo por aquí este artículo: DER SPIEGEL: El fracaso de la legalización de la prostitución. No hace falta recalcar –o bueno, tal y como están las cosas, igual sí hace falta– que alquilar a una mujer más pobre que tú para que ayude a perpetuar tu ADN no reduce en nada las desigualdades.

Estos días, con más tiempo para reflexionar, he contrastado los 17 ODS con distintas iniciativas de la agenda feminista internacional y la agenda feminista de nuestro país. Igual no te sorprende saber que regularizar el alquiler de mujeres no está en ninguna agenda feminista (exceptuando la agenda de ciertos colectivos que dicen representar a l@s trabajador@s sexuales, con arroba –invisibilizando así que el 80% son mujeres– y, sin que les ocupe ningún motivo feminista, solo el alquiler de mujeres, se hacen llamar feministas).

Aprovechando que cito agendas, me gustaría dejarte aquí la plataforma agendafeminista.org y el blog de la filósofa Amelia Valcárcel, una de las personalidades que más importancia tiene en los procesos de reflexión y planificación de la agenda feminista de este país. En su blog encontrarás documentos, entrevistas, vídeos y seminarios que seguro te resultan de gran valor para entender el momento histórico que vivimos. Y no, no encontrarás ningún tipo de defensa al alquiler de mujeres. ¿Por qué? Algunas personas, estas que se llaman feministas, pero solo se ocupan de defender el alquiler de mujeres –no las verás defendiendo nada más– aseguran que tanto Valcárcel como otras filósofas feministas de nuestro país no entienden que regularizar la situación de prostitución sea avanzar porque son unas carcas, unas sobradas intelectuales y no conocen la situación de la calle.

Ya…

Estos colectivos se hacen llamar feministas, pero insisto, no defienden ningún objetivo feminista, únicamente se centran en defender el alquiler de mujeres (no las verás con las mujeres de Sol, no las verás visibilizando asesinatos machistas, no las verás criticando la feminización de la pobreza, ni las verás reflexionando sobre la brecha salarial o la poca presencia de mujeres en órganos directivos de empresas). Dicen representar los intereses de l@s trabajador@s sexuales (ya comenté antes cuál puede ser la loable intención del arroba) pero, cuando investigas un poco sus organizaciones, no ves allí a más de 500 personas. ¿Sabes cuántas mujeres están en situación de prostitución en España? Unas 300.000. Es una cifra que he encontrado en varias fuentes, la última es esta entrevista al catedrático Pedro Brufao (otro carca, sobrado y blablablá, por falta de ad hominem que no sea). Convierten a las mujeres en situación de prostitución en los sujetos de esta explotación. No dicen «los hombres tienen derecho a alquilar mujeres para satisfacer sus deseos», que queda feo decir esto en el siglo XXI, pero sí se hacen llamar feministas y gritan, como si realmente estuvieran defendiendo una causa social: «l@s trabajador@s sexuales necesitan tener derechos». Defienden que abrir el apéndice Trabajo Sexual para regular el alquiler de cuerpos, hacer así que las mujeres explotadas paguen impuestos y normalizar esta situación de explotación con formación para las explotadas o subvenciones destinadas a que los hombres ancianos o discapacitados tengan mayores facilidades para acceder a la explotación, es feminista. Y tú les preguntas, ¿qué tiene esto de feminista? ¿Acaba esto con las desigualdades entre hombres y mujeres? ¿Acaba con la cosificación de la mujer? ¿Qué frente combate esto exactamente? ¿Sabes qué suelen contestar? Que el mundo es machista, ellas no tienen la culpa de eso y, desde luego, abolir la prostitución no va a acabar con el machismo, así que ellas son feministas. Digo ellas porque, en sus organizaciones, en las que también hay hombres (y muchos), solo dan la cara las mujeres (está feo que un hombre defienda el alquiler de mujeres en nombre del feminismo y son muy conscientes de ello).

Por supuesto, estos colectivos feministas en el último año sí se han manifestado alguna vez para defender el otro asunto claramente feminista, además de la regularización de la prostitución: el alquiler de mujeres para gestación.

¿Qué apoyos encuentra este feminismo en los medios de comunicación y en la opinión pública?

No sé si te habrás percatado de que, en los últimos tres años, ha habido en distintos medios una avalancha de artículos que lavan la cara a la pornografía, la prostitución y, por último, el alquiler de mujeres para gestación. Estoy segura de que todo esto se debe a la casualidad y a directrices editoriales completamente desinteresadas. Seguro que todos estos artículos encajan con la actualidad y con las líneas editoriales de estos medios, y ningún grupo de presión está haciendo el más mínimo desembolso para que se publiquen. Estoy muy segura de ello.

Por otro lado, y también fruto de la casualidad, vemos en medios generalistas (y especialmente en medios dirigidos a jóvenes) mujeres, como no podría ser de otra forma, que se hacen llamar feministas y defienden exactamente el mismo discurso de estas organizaciones. Esto, en mi trabajo, del que apenas hice referencia al comienzo de este artículo, se llama Crear o Formar Opinión. Puede hacerse a través de mensajes clave que cambian completamente la estructura narrativa con la que entiendes un fenómeno concreto. Aplicas cambios de nomenclatura, como por ejemplo, ese azaroso paso de nomenclatura de situación de prostitución a trabajador@s sexuales o de vientres de alquiler a gestación subrogada (la realidad, en términos de comunicación, no es positiva o negativa per sé, sino por la manera en que la nombras). Incluyes historias que impactan y pueden volver a ser contadas, por ejemplo «la niña que tuvo un despertar sexual temprano y desde los 18 supo que quería ser prostituta», «la licenciada en no sé qué que prefiere prostituirse a trabajar en el McDonald» o «la mujer que fue violada y, por eso, insiste en que la opinión pública entienda a los pedófilos». Por último, y no menos importante, mezclas estos contenidos clave con otros que sirven para romper barreras defensivas y generar empatía en el público (ya comenté que probablemente este público, en su mayoría, sea un público joven, que aún está formando su criterio).

Aquí, reflexionando sobre este último recurso (que no digo que se esté implementando adrede, seguramente sea todo casualidad), vemos que estas líderes de opinión, por ejemplo, una joven estrella del porno, una joven carismática en situación de prostitución, una mujer transgresora que defiende la pedofilia (entre otros ejemplos que podríamos encontrar), no se limitan a defender el alquiler de mujeres: mezclan este contenido con otros temas, nimios para la agenda feminista, pero que conectan bien con la juventud inquieta o las personas que no acaban de entender qué es el feminismo.

Hablan de cómo experimentan ellas el mundo de la depilación y sus connotaciones; reflexionan sobre la manera en la que entienden las relaciones esporádicas; hablan de política sin acabar de decir nada concreto; te recomiendan libros para acabar de dar el pego; se declaran veganas y ecologistas (incluso defienden el porno ético o prostitución ética, que es para las feministas lo que la leche ecológica es para las veganas, pero esto el público general lo desconoce); para rematar y acabar de generar conexiones que funcionan, cuentan experiencias personales de violencia machista, abuso, etc… Y no, cuando decimos que lo personal es político, no nos referimos solo a eso.

Llegando a este punto de lo personal es político, por cierto, ¿las ves apoyando a las mujeres de Sol? ¿Las ves sumándose a las campañas contra la violencia machista? ¿Las ves reflexionando sobre la feminización de la pobreza? ¿Tienen algún artículo sobre la brecha salarial o el bajo porcentaje de mujeres en órganos directivos? ¿Han hablado alguna vez sobre la indefensión adquirida? ¿Sobre las relaciones de poder que establece la construcción de géneros? ¿Sobre lenguaje inclusivo? ¿Sobre economía circular? ¿Sobre economía feminista? No. Todo lo que hacen es llamar carcas a filósofas que deberían conocer las jóvenes y los jóvenes, publicar contenidos progres prácticamente acríticos (pero con muchos tacos, que es lo que mola y lo que parece irreverente) y, por supuesto, dar la vara cada semana con lo genial que nos resulta a las mujeres ser alquiladas para sexo o para gestación. Eso sí, con estas prácticas (que no digo que se estén implementando, seguro que todo esto es casualidad), consiguen que un séquito de jóvenes o personas inquietas con poca formación feminista tengan algo que contar respecto a lo maravilloso que es el alquiler de mujeres y repitan estos mensajes en sus círculos cercanos. Así se crea y se forma opinión (es un supuesto, repito, que también puede darse por asuntos que confluyen sin estrategia alguna, sino gracias al azar, que es mágico).

La última líder de opinión que he visto subirse al carro de este feminismo que ni es feminismo “ni es ná” y, además, nos atrasa siglos, es una exconcursante de realities para cuya formada opinión se ha abierto un canal de Youtube al rezo de Feminismo para todas. Vamos a apostar algo, ¿quieres? ¿Qué apuestas a que en el quinto o sexto vídeo nos dice «yo creía que la gestación subrogada iba en contra de nuestros derechos, pero he visto que es al revés y que, al igual que el trabajo sexual, debe regularizarse»? Yo lo tengo muy claro. Las casualidades suelen ser sorprendentes y, en este curioso asunto que relaciona el feminismo con el alquiler de mujeres, parecen darse todas las casualidades juntas.

Texto: Judith Bosch.

Revisión: Silvia Cosio.

Gracias a mi admirada y apreciada compañera Pilar Mármol, directora editorial de QFem, puedes leer este artículo también en QFem y sumarte a la comunidad de feministas que sigue la revista. Te paso el enlace Aquí.

 

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3 comentarios en “«Feminismos» que nos hacen retroceder

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