El 8 de marzo de los puteros y la postverdad

Esta semana, FB ha vuelto a bloquearme la cuenta porque otra horda de puteros ha denunciado una de mis publicaciones.

En esta ocasión, junto a más compañeras, recordaba el infierno en la tierra que ha supuesto la legalización de la prostitución en Alemania, país en el que mujeres embarazadas pueden ser penetradas por quince hombres a la vez en nombre de la libre elección y el derecho al trabajo.

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MI VIENTRE NO SE ALQUILA

El 24 de marzo, mis compañeras y hermanas feministas se unieron para llevar a las redes sociales el debate sobre el alquiler de úteros, ese fenómeno de regresión social que las creencias patriarcales, potenciadas en un contexto socieconómico en el que todo es susceptible de ser comprado o alquilado, publicitan bajo el término “Gestación Subrogada”.

LA CAMPAÑA FUE UN EXITAZO ROTUNDO, CON ECO LOS DÍAS SIGUIENTES EN BASTANTES MEDIOS DE COMUNICACIÓN.

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Soy abolo, antirreligiosa y critico la cosificación

«DURANTE mucho tiempo dudé en escribir un libro sobre la mujer. El tema es irritante, sobre todo para las mujeres; pero no es nuevo. La discusión sobre el feminismo ha hecho correr bastante tinta; actualmente está punto menos que cerrada: no hablemos más de ello. Sin embargo, todavía se habla. Y no parece que las voluminosas estupideces vertidas en el curso de este último siglo hayan aclarado mucho el problema», así empieza El segundo sexo de Simone de Beauvoir —desbloquearé un logro el día que sepa escribir su apellido de memoria y descorcharé cava cuando aprenda a pronunciarlo—, escrito en 1949, y así empiezo yo a leer la obra, con una carcajada y pensando: «Amiga, no te pidas un viaje en el tiempo, que estamos en el S. XXI y el tema no mejora. Atentamente: una feminista del futuro».

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¿Por qué soy abolicionista?

Soy abolicionista y creo que la prostitución per sé vulnera los derechos de las personas.
En un marco en el que todo es metáfora y todo es metafísica y decimos “el sistema nos prostituye”; comparamos alegremente un despido improcedente con una penetración anal no consensuada o el alquiler de nuestros espacios y zonas sociales (cerebro, manos, piernas, tiempo de oficina), con el alquiler de nuestros espacios y zonas íntimas/sexuales (coño, polla, tiempo en la cama); escuchamos a personas que dibujan la prostitución poco menos que como la nueva liberación de quienes la ejercen, ocultando completamente la responsabilidad y los trasfondos de quienes la consumen, y se nos llena la boca con las palabras “voluntad” y “decisión”, querría explicar un poco las premisas que me llevan a ser abolicionista y a pensar como pienso. No quiero convencer a nadie, solo quiero expresarme y quedarme a gusto con este tema por algún tiempo.
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